Los trescientos de don José Luis

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

En una votación estrecha, la influencia de los seguidores de Rivera que siguen incrustados en el PP puede resultar decisiva

30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En agosto del 480 a. C., el rey Leónidas I de Esparta consiguió detener en el paso de las Termópilas, durante dos días, al ejército imperial persa en su avance hacia Grecia. Junto a él, una pequeña fuerza formada por 300 espartanos y varios cientos de soldados más pertenecientes a otros pueblos helenos. Aquella hazaña sirvió al autor norteamericano Frank Miller para firmar uno de los cómics más exitosos de las últimas décadas, 300 , que hace un par de años fue volcado al cine con idéntica repercusión. Por una de esas bromas que el azar parece urdir de vez en cuando, el número de hombres de Leónidas coincide con la cifra de partidarios que, 2.500 años después, mantiene el independiente José Luis Rivera Mallo entre la militancia del Partido Popular de Vilagarcía. Como entonces, también ahora se avecina una batalla, esta vez de naturaleza electoral, que decidirá el destino de la gaviota vilagarciana. Si la votación del congreso del 12 de junio se confirma tan reñida como se presume, el papel de la gente de Rivera Mallo puede resultar fundamental para inclinar la balanza del lado de Tomás Fole o, por contra, entregar el cetro conservador a Javier Puertas.

Aunque algunos indicios señalan a una predilección del veterano político por la opción de Fole -entre otras cuestiones porque el presidente provincial del PP, Rafael Louzán , que apadrina la candidatura de Puertas, parece haber cerrado cualquier vía de entendimiento con sus Independientes por Vilagarcía- no resulta tan fácil aventurar con quién podrían alinearse los riveristas que todavía militan en el PP, si es que lo hacen con alguien. Porque si de algo saben Rivera y su gente es de lo muy ingrata que puede resultar la cuña de la misma madera.

Desde hace quince largos años, el hoy líder independiente ha recibido los mayores disgustos políticos y personales que alguien sea capaz de concebir desde el mismo partido al que aupó a la alcaldía en 1983. Ya entonces la derecha vilagarciana mostraba síntomas de tremenda atomización e intereses enormemente contrapuestos. Basta recordar que hasta cinco candidaturas compitieron por la diestra en las elecciones municipales de 1987. Alguna de las familias clásicas que hoy retornan a primera línea del fragor conservador figuraban en varias de aquellas aventuras que trataron de arrebatar a Rivera el dominio de su espacio electoral: Unión Democrática de Arousa (UDA), Coalición Progresista Galega, Centro Democrático y Social (CDS) e Independientes de Galicia se midieron entonces a la formación que dos años después se refundaría bajo su denominación actual, Partido Popular. De todas ellas, solo la última, IG, consiguió un magro concejal. El resto fueron barridas por Rivera Mallo, que firmó la primera de las dos únicas mayorías absolutas que se han dado en el Concello de Vilagarcía, con 12 ediles.

Aquella victoria sin paliativos no fue suficiente, sin embargo, para erradicar la contestación interna. Bastó que el PP perdiese el bastón de mando en 1991 y se inaugurase con Javier Gago la era PSOE, todavía en vigor, para que comenzase la verdadera operación de acoso y derribo a la figura del de Cornazo. Muchos sitúan el comienzo del fin del riverismo en el desembarco de Pablo Crespo y la invitación envenenada para que Rivera dejase la presidencia del PP y la portavocía municipal para pasar a presidir la Autoridad Portuaria. En realidad, la guerra sucia se había desatado bastante antes, concretamente en los meses previos a los comicios de 1995. No se suele recordar, pero en febrero de aquel año el entonces senador y candidato a la alcaldía se trasladó a Madrid para ser sometido a una operación muy seria. Su intención era superar el trago con discreción. Pero una de las maniobras más deleznables de la historia política local lo impidió. Un fax llegó a las redacciones de los diferentes medios informativos con implantación en la capital arousana para anunciar lo siguiente: «Debido al carácter irreversible de la enfermedad que sufre José Luis Rivera Mallo, el Partido Popular en sus distintos niveles se está planteando la urgente necesidad de reemplazarlo. Los nombres que se barajan son los de Ramón Taboada Soto y Ramón Montenegro González ». Aunque el capítulo no llegó a aclararse, el número desde el que se había remitido semejante escrito coincidía con el del almacén de gaseosas Montenegro.

Si a una barbaridad de este calibre se le une la defenestración posterior en el Puerto, la auditoría encargada contra su gestión y la persecución general a la que fue sometido durante aquellos años, se comprenderá perfectamente que Rivera Mallo tenga, digámoslo así para ser finos, todas las reservas del mundo a la hora de fiarse de cualquier mensaje que proceda del PP.