Resulta curioso lo mucho que se esfuerza el gobierno local de Vilagarcía por elaborar unas cuentas que no podrá aprobar
11 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.De victoria a victoria hasta la derrota final. Así, con retranca, podría resumirse el notable esfuerzo que el gobierno municipal de Vilagarcía parece estar derrochando en la elaboración de unos presupuestos, los de este año, que siete meses después de las campanadas parecen cualquier cosa menos algo serio. Si una institución puede esperar tanto tiempo para contar con el que, en teoría, es su principal instrumento de gestión, las únicas conclusiones posibles es que, en realidad, el documento no se necesita o se trata, únicamente, de un entretenimiento ocioso para políticos en tiempo de crisis.
Aquí lo de menos es la ingeniería que se está aplicando en la elaboración del documento. Es verdad que el equipo técnico está echando el resto para aplicar un nuevo, moderno y eficaz método a la hora de concebir los balances entre gastos e ingresos. Pero no es menos cierto que mientras la alcaldesa, Dolores García, consagra sus esfuerzos a la maquinaria interna de los presupuestos, nadie parece haberse preocupado de lo verdaderamente fundamental.
Porque la propuesta del gobierno puede ser la mejor que se haya visto en esta orilla del río Limia desde los tiempos de Décimo Junio Bruto, pero si Ravella no dispone de la mayoría necesaria para llevarla adelante poco importará si el cálculo es resultado de las mentes más lúcidas del momento y el lugar, o si, en cambio, es producto de un arrebato en una noche de luna llena. Lo que entre bastidores se está fraguando es, mientras no se demuestre lo contrario, un invento condenado al fracaso, demorado como pocas veces se recuerda en la capital arousana. Un juguete en manos de la oposición que podrá disparar a placer a los socios del bipartito mientras tratan de protegerse sin éxito en una trinchera excavada desde enero.
Probablemente las diferencias acabarán por no salir a la luz, porque persiste un sentimiento básico de responsabilidad política entre todas -no solo dos, que hay más- las partes de la coalición gobernante. Pero cualquiera que esté al tanto de lo que se cuece en Ravella sabrá del mal ambiente que este retraso sin límites conocidos está generando incluso en el seno del propio grupo socialista.
Así las cosas, el único resultado previsible de tan trompicado proceso es que Ravella se presente ante el pleno del 29 de julio, en el que coincidirán la sesión ordinaria, demorada desde junio, y la extraordinaria correspondiente al debate sobre los manidos presupuestos. Teniendo en cuenta que Esquerda Unida ya ha anunciado su voto en contra, y que el Partido Popular no está para hacer favores gratuitos cuando lo que pretende es plantear una pelea a cara de perro por el bastón de mando, la única opción del gobierno local para que prosperen las cuentas se sitúa en la formación que lidera José Luis Rivera Mallo. Sin embargo, tampoco con Independientes por Vilagarcía se ha hablado nada de nada hasta ahora, con lo cual el documento que se le entregue la próxima semana al resto de los grupos municipales será lo más parecido a un salto sin red.
Si la oposición, y todo señala en la misma dirección, echa por tierra los presupuestos, frente al gobierno local solo se abrirán dos posibilidades. De una de ellas se lleva hablando desde el inicio del mandato: la presentación de una moción de confianza vinculada a las cuentas. En el caso de que el resto de los partidos no presenten una moción de censura contra el bipartito, el documento se daría por aprobado automáticamente. Esta opción extrema no existe en el último ejercicio del mandato, pero sí podría aplicarse en este extraño 2010. No obstante, esta opción nunca ha gustado demasiado en la coalición vilagarciana. Incluso Javier Gago la pudo utilizar en sus tiempos de gestión en solitario y no lo hizo, prefiriendo la negociación con Rivera Mallo. Así que la vía más viable que se insinúa ante el bipartito es la prórroga de los presupuestos del año pasado. Claro que esta solución tiene sus consecuencias. La primera es que la reducción del gasto, un 10% según el compromiso que socialista y nacionalistas manejaban hace tres meses, no se aplicaría. La segunda, que no habrá lugar para nuevas inversiones. La tercera, que la relación de puestos de trabajo de este año se cae. Y esto no gustará a CC. OO.