La casa de acogida de Cáritas da cobijo a transeúntes y víctimas de malos tratos
01 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.No todo es ocio, turismo y marisco estos días en O Grove. El verano tiene otra cara menos amable en la villa arousana. Otra cara que no suele salir en las imágenes ni en los vídeos de promoción turística, pero que también está ahí. Son los rostros de aquellos que deambulan por las calles en cuyos cubos de basura se almacenan las cáscaras de las nécoras, y que no tienen ni quién los espere en casa por las noches ni casa en la que cobijarse. Son los transeúntes, a los que ya solo le quedan las sábanas humildes pero limpias que Cáritas les ofrece en su casa de acogida.
El edificio pertenece a la parroquia de San Martiño de O Grove. Se trata de una pequeña vivienda rehabilitada que hace años fue donada a la entidad por una familia que recibió cuidados y cariño tras la postguerra. Cuando Cáritas consiguió los fondos necesarios, la rehabilitó, y durante muchos años estuvo ocupada por una familia que la necesitaba. Cuando quedó libre, hace siete años, se reconvirtió en albergue de transeúntes.
En las cuatro camas habilitadas dentro de la pequeña vivienda durmieron 160 personas el año pasado. Todos los transeúntes que se beneficiaron de este servicio que gestiona Cáritas parroquial fueron hombres, con una media de 51 años -según indica la entidad, el más joven tenía 23 y el mayor, 84-. De ellos, 26 eran extranjeros, procedentes de Portugal, Rumanía, Marruecos, Hungría, Cuba, Bosnia, Colombia, Sudáfrica, Argelia y Argentina, y los 134 restantes procedían de hasta trece autonomías distintas de toda España.
El perfil del transeúnte que acude a Cáritas es el de un hombre casado, separado o divorciado que se queda en la calle tras ver cómo se rompe su familia y pierde el empleo. A veces, después de muchos años en esa situación, ya no son capaces de reintegrarse en la sociedad y viven de pensión en pensión, de albergue en albergue o de puente en puente. En la casa de transeúntes se les ofrece servicio de higiene, una cama limpia, un poco de comida y ropa, si la necesitan. No pueden estar más de dos noches al mes, así que finalizada la estancia máxima tienen que echar mano de otros recursos.
Todos los servicios de la casa de transeúntes los atienden un grupo de doce mujeres de O Grove, madres o abuelas que dedican su tiempo libre a tener la casa siempre en condiciones, a cambiar las sábanas y a atender las necesidades de los usuarios. Con ese equipo de voluntarias no es de extrañar que el año pasado los gastos de la casa se redujeran a 1.139 euros; es decir, el coste de la lavandería, la energía eléctrica, los artículos de limpieza y los seguros de la vivienda. Lo demás, lo puso la solidaridad.
Otras emergencias
Pero las necesidades no dejan de adaptarse a los nuevos tiempos, y así, aunque la casa se reabrió hace siete años pensando en un hogar de transeúntes, no es ahora su única utilidad. Cáritas, siendo consciente de la tragedia que viven las víctimas de los malos tratos, puso la casa al servicio del Concello para que la ocupen las mujeres maltratadas que, en un determinado momento, tengan que huir de su hogar y no tengan un refugio en condiciones en el que permanecer mientras los servicios sociales les buscan una alternativa más estable. Lógicamente, estas mujeres solo ocupan la casa cuando está vacía, y tienen preferencia sobre los transeúntes; es decir, que mientras están ellas dentro, en ocasiones acompañadas por sus hijos, se cierra el servicio a otros usuarios.
Reparto de alimentos
No es, con todo, el único servicio que ofrece Cáritas a las familias menos afortunadas de O Grove. Además de la casa de transeúntes, la entidad gestiona otro inmueble en el que están las oficinas y en el que se almacenan los paquetes de comida que se entregan a las familias más necesitadas, aunque en los últimos años este servicio se refuerza con la ayuda de Amigos de Galicia. Cáritas hace tiempo que decidió no repartir alimentos en los meses de verano, porque es la temporada en la que hay más oferta laboral en el municipio y una manera de forzar a los beneficiarios a que se busquen un trabajo, aunque solo sea estacional. La entidad colabora, además, con un centenar de niños huérfanos de Mozambique que son atendidos por una orden religiosa en la que hay una persona muy vinculada a O Grove y que ya construyó en ese país un colegio con huerto para los menores desamparados.