La batalla lingüística más dura

María Xosé Blanco Giráldez
M. X. Blanco RIBEIRA/LA VOZ.

AROUSA

Durante dos décadas, en la villa pobrense se lidió una guerra que traspasó las fronteras idiomáticas y en cuyo desenlace fue decisiva la asociación A Miserela

17 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En demasiadas ocasiones, la lengua se convierte en un arma arrojadiza que llega a provocar duros enfrentamientos políticos e incluso personales. Lo saben los pobrenses que vivieron de cerca la polémica sobre el topónimo del municipio. Fue un combate duro, que dejó tras de sí la inhabilitación de un alcalde, Segundo Durán, y un nombre propio para el concello, A Pobra do Caramiñal. Pese a que la guerra se enfrió hace más de una década, hay quien todavía no parece haber asumido el dictamen que llegó tras la entrada en vigor de la Lei de Normalización Lingüística.

Los documentos cantan y, en este caso, lo que dicen a gritos es que, antiguamente, el municipio se conocía como Pobra. De hecho, hay escritos del siglo XVI que recogen este topónimo. ¿Qué fue entonces lo que alentó la polémica? Pues parece ser que, al igual que ocurrió en otros lugares de Galicia, fueron los escribanos formados en tierras de Castilla los que se empeñaron en castellanizarlo todo, hasta los nombres propios. Ya en el siglo pasado, restituida la comunidad gallega, una comisión de toponimia se encargaría de recuperar los nombres tradicionales. En el caso de A Pobra, el proceso no fue nada fácil.

Todo comenzó con Segundo Durán quien, en 1979 y tras hacerse con el bastón de mando del Ayuntamiento pobrense, dio pie a la polémica, iniciando una cruzada en defensa del topónimo Puebla del Caramiñal. El ejecutivo local mantuvo esta postura pero, en noviembre de 1984, decidió someter el tema a referendo popular. La Xunta de Galicia daba tres opciones para recuperar el nombre gallego del territorio, Pobra, Pobla o Proba; pero en la votación, el gobierno de Durán incluyó su alternativa, Puebla, y una quinta, Póboa, defendida por el BNG.

Mayoría aplastante

Por una abrumadora mayoría, 4.115 votos que representaban el 62,8%, se impuso la acepción Puebla y de poco valió que la Xunta publicara un decreto amparando el dictamen de la comisión de toponimia a favor de A Pobra. Segundo Durán y su equipo decidieron que para referirse al municipio, se emplearía el término castellano.

Pero, unos años más tarde, sucedería un hecho que marcaría el futuro de esta polémica. No conformándose con «decretar» el uso de la forma Puebla, Durán ordenó el 28 de abril de 1989 requisar unos folletos publicados por la Asociación Cultural A Miserela con motivo de la organización de unas jornadas micológicas, solo por el único motivo de utilizar la forma A Pobra.

De poco sirvió que este colectivo denunciara al alcalde por un atentado contra la libertad de expresión, ni que desde el ámbito de la cultura, firmas como la de Suso de Toro y Carballo Calero rechazaran la intransigencia de Durán. Él siguió en sus trece hasta que en 1990 cesó como mandatario pobrense. Entonces era ya demasiado tarde, pues su actitud pasada le valió para que, en 1993, fuera inhabilitado por seis meses a consecuencia de la demanda interpuesta por A Miserela.

Todavía hoy, los que en aquellos momentos capitaneaban esta entidad, están convencidos de que este episodio marcó el desenlace de la batalla por el topónimo: «Aquilo precipitou as cousas para que o PP, a nivel autonómico, tomara unha decisión. Estou seguro de que, se non fora pola incautación dos folletos, a polémica aínda andaría a rastro hoxe en día», señala Xesús Laíño, el presidente de A Miserela en aquella época.

Pese a estar casi convencido de que la polémica en A Pobra es agua pasada, «seguro non hai nada neste mundo, pero creo que xa nunca se buscará avivar de novo a guerra», Laíño parece que todavía no ha olvidado ni perdonado: «Foi un enfrontamento duro e desagradable do que teño moi malos recordos. Foi algo máis que unha guerra política».

Lo que más le dolió a este defensor del topónimo A Pobra fue lo que vino después de la inhabilitación de Durán. Y es que, en 1992, la Xunta gobernada por el PP puso en vigor la Lei de Normalización Lingüística, según la cual quedaba definitivamente establecido el nombre del municipio en gallego. Pero los populares pobrenses, en aquellos momentos en los escaños de la oposición, ni siquiera se dieron por vencidos llegado este punto. Hasta se montó una plataforma, con Fernando Cores al frente, que trató de luchar in extremis para que se produjera una marcha atrás y se fijara Puebla como topónimo.

Recta final del conflicto

Ante la oposición mostrada por una parte de los vecinos, la Xunta volvió a mover ficha en 1994, determinando por decreto que A Pobra era el topónimo oficial. Se basaba en un informe que había sido emitido ya en 1797 por el director del Arquivo Histórico de Galicia, Antoni Gil Merino.

El Gobierno autonómico volvió a fracasar en su intento de poner fin a la polémica, que continuó hasta que se produjo otro hecho crucial, en esta ocasión de carácter estrictamente político. Fue en 1998, cuando el PP de Isaac Maceiras recuperó la alcaldía. A partir de ese momento, A Pobra se convierte en un topónimo oficial que ya no deja lugar a dudas. No es discutido por nadie y es asimilado por casi todos.