El tiempo se alió con los Difuntos; el temporal deslució el pasado fin de semana la fiesta de Samaín, pero una tregua entre tanta lluvia permitió visitar los camposantos
02 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La festividad de Difuntos y Todos los Santos se parece cada vez más al Entroido, y no solo por el contagio anglosajón de los disfraces de Halloween, sino también porque al sumarse colegios y ayuntamientos a la celebración, de año en año se alarga más en el calendario un día de culto y recogimiento que antes se restringía únicamente al 1 de noviembre. A todo ello hay que añadir el mal tiempo que el pasado fin de semana deslució las celebraciones del Samaín, que en municipios como A Illa o Vilagarcía se trasladaron a esta tarde, lo que convierte casi en una semana de actividades el tradicional día de Difuntos.
Pero el temporal que azotó la costa gallega a lo largo del sábado y el domingo dio ayer una tregua, lo que permitió a las familias acudir a los cementerios y adornar sus tumbas sin temor a que el viento y la lluvia les destrozara los bonitos ramos comprados unas horas antes en memoria de los que ya no están en la casa. Como la víspera no animaba a salir, ayer fue mayor la afluencia de arousanos en los cementerios, que esperaban preparados con sus puestos de flores, de chucherías y de rosquillas como de si de cualquier romería de verano se tratara.
Y así fue que se desarrolló ayer la otra operación salida. Acostumbrados como están los vecinos de la comarca a soportar caravanas y a no encontrar aparcamiento en los meses de verano por la afluencia a las playas o a las jornadas gastronómicas, en diciembre por el colapso de los centros comerciales, en Semana Santa por las procesiones sacras y también las paganas, y en febrero por los desfiles de carnavales, ahora también se suma el 1 de noviembre a las fechas señaladas por la Dirección General de Tráfico como jornada complicada en las carreteras.
El que más y el que menos necesita el coche para trasladar hasta el cementerio los ostentosos ramos con los que se honra a los Difuntos, a lo que hay que sumar todo el instrumental para dejar lustrosas las tumbas. Y si se trata de A Illa, a todo ello se añaden las linternas recién compradas para iluminar las lápidas. No es de extrañar que las zonas de los aparcamientos de los camposantos se queden escasas para tanto coche y que las autovías registren caravanas en una jornada en la que el destino no es la playa, ni el campo de la fiesta, ni la discoteca ni el botellódromo. La meta está en el cementerio.
Tanto ajetreo estresa a los muertos, pero lo llevan con paciencia. Ya saben que a partir del día 2 recuperan la calma.