Siempre se dice, y con razón, que el hombre es el principal depredador, porque allí donde pone su mano destroza lo que la naturaleza crea. Sin embargo, como la propia naturaleza suele ser también caprichosa, a veces se dan excepciones y se alía con los humanos para crear paisajes, que si no se pueden describir como hermosos, sí al menos como curiosos. Eso fue lo que pasó esta semana en A Compostela. Es cierto que las lluvias de los últimos días tienen mucho que ver con la creación de una laguna artificial en la playa, pero para ello hizo falta también que el arenal de A Compostela sea artificial y que un colector que recoge las pluviales se desbordase y lanzase a chorro un reguero de agua que alimentó la laguna. Y todo para regocijo de gaviotas, palomas y otras aves, que prefirieron bañarse en la charca por vez de hacerlo en las frías aguas de la ría. Bañarse y alimentarse, porque entre los restos del botellón -increíble que se celebre, con este tiempo- había muchas migajas a las que echar el pico. Un paréntisis para el arte. Ese capricho artificial producto de un minuto de concordia entre el hombre y la naturaleza, unido al paréntesis que se abrió en la mañana de ayer entre chubasco y diluvio, inspiraron a Alfredo , un paseante que hizo hablar su saxo justo cuando la fotógrafa se acercó a la playa para inmortalizar el momento. Porque en la vida hay algo más que huelgas salvajes de controladores aéreos y especuladores acechando las ruinas de los mercados. Como queda dicho y documentado.