Pasarela hacia una desfeita

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Todo lo ocurrido en Vilagarcía en torno a los vestigios de la pasarela de Vistalegre constituye un absoluto y peligroso desastre en el que ni uno solo de los agentes que han intervenido se libra de su dosis de responsabilidad en semejante desfeita.

Lo acontecido resulta muy peligroso, en primer lugar, para el PSOE. A los socialistas les habría bastado con proclamar que, de conseguir una mayoría suficiente tras las elecciones de mayo, derogarían el acuerdo plenario auspiciado por la comisión ciudadana en defensa del patrimonio, que exige la creación de una ventana arqueológica en la calle Arcebispo Andrade. Resulta evidente que su ejecución no será posible en el escaso mes y medio que resta hasta los comicios del 22-M. Entre otras cosas, porque una intervención de estas características requiere la redacción de un proyecto que el departamento autonómico de Patrimonio debe supervisar y aprobar. No hay tiempo para hacerlo antes de la cita con las urnas, así que la cuestión tendrá que ser definida por la siguiente corporación municipal. Nadie podría reprochar al candidato socialista, Modesto Pose, que se comprometa firmemente a no realizar una puesta en valor de cuya utilidad dudan los informes técnicos elaborados hasta el momento, así como otras opiniones autorizadas. Sin embargo, el tono empleado tras la sesión plenaria fuerza innecesariamente las formas democráticas, cuya maquinaria chirría por legítimo que sea su anuncio de proseguir las obras desde un punto de vista legal.

Es extraordinariamente peligroso también para el BNG, que en la antesala de las elecciones, cuando está perfectamente claro que cualquier posibilidad de que la izquierda siga gobernando pasa por un nuevo acuerdo con el PSOE -probablemente también con Esquerda Unida- demuestra su incapacidad para mantener una postura firme en respaldo del socio en apuros. Los nacionalistas han tenido sobradas oportunidades a lo largo del mandato para poner a los socialistas en su sitio, incluso para romper la coalición, con argumentos más que justificados. Solo por citar algunos ejemplos, cabe recordar el ninguneo al que fueron sometidos en la distribución de los 6,4 millones de euros del primer plan E o los recortes que unilateralmente trató de aplicar el grupo mayoritario del bipartito en las partidas económicas de las concejalías de Igualdade e Benestar o Cultura, aunque en este último caso la sangre sí estuvo a punto de llegar al río. No conviene olvidar, tampoco, la magnífica ocasión que el Bloque tuvo en sus manos de recuperar y poner en valor un elemento tan importante para el ya escaso patrimonio cultural y arquitectónico como es el salón de actos de Alcalde Rey Daviña, olvidado en toda cuanta mastodóntica inversión se ha ejecutado en la ciudad. En definitiva, la teoría del «despiste» en la votación, enunciada por el teniente de alcalde, y candidato del BNG, Xosé Castro Ratón, solo puede ser tomada como una broma.

El riesgo no es menor para el Partido Popular, que debería haber aprendido con el caso Lazareto que las promesas lanzadas a discreción a menudo se vuelven contra el que las plantea. Las gentes de Tomás Fole pueden gobernar tras el 22 de mayo. ¿Qué sucederá cuando tengan que decir que no a mucho de lo que ahora conceden con despreocupación? La responsabilidad en suspenso y el oportunismo afectan en parecida medida a EU, llamada a participar en la gestión de Ravella si los conservadores fallan. Llegará entonces el momento de tener que enfrentarse a decisiones impopulares. ¿Dónde quedará esa incondicionada apertura a toda cuanta demanda suene a las puertas del pleno?

Rivera, que apuesta a ser bisagra y juega en su propia liga, no se queda al margen de esta pista de patinaje. Como tampoco la comisión vecinal. Todo lo que de hermoso, útil y necesario rodea a esta iniciativa ciudadana corre el riesgo de convertirse en algo muy distinto gracias a ciertos francotiradores que acostumbran a permanecer agazapados esperando a que suene la flauta para dar rienda suelta a sus obsesiones y frustraciones, solo en ocasiones de tinte político, disparando a todo aquel que discrepe de sus opiniones. Todo el mundo merece un respeto, incluidos los arqueólogos que no comulgan con lo que uno cree o se encapricha. Su propio empecinamiento, la torpe gestión del bipartito en todo este asunto, la debilidad política imperante en Vilagarcía, el electoralismo inconsciente y la ponzoña de algunos sujetos que saben cómo manipular la buena fe de la gente nos han llevado a esto.