La renuncia de Modesto Pose saca a la luz lo peor del PSOE
05 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros». Buen consejo para navegar en las procelosas aguas que el PSOE de Vilagarcía frecuenta desde hace un tiempo. La renuncia de Modesto Pose a tomar posesión como concejal en la próxima corporación no ha hecho sino destapar los contumaces errores y los más bajos instintos dominantes en la casa de puño y la rosa, que auguran un árido pedregal para los socialistas en su retorno al banquillo de la oposición.
El secretario provincial del PSdeG asumió un elevado riesgo político al coger las riendas de la candidatura tras el abandono de Carlos Guerrero. No hace falta insistir en que el principio de incompatibilidad -«una persona, un cargo»- aplicado sumariamente por Pachi Vázquez obedecía a una pugna pura y dura por el poder dentro del partido en Galicia, obligando el secretario xeral a elegir a varios diputados díscolos entre el Parlamento de Galicia y las listas municipales a las que se habían sumado. No solo Pose, también Leiceaga en Santiago y Barcón en A Coruña se vieron en el mismo trance.
La medida no tenía otro sentido que eliminar cualquier contrapoder en el seno del PSdeG, y buena prueba de ello es que no se les aplicó a los diputados en el Congreso o los senadores que, como Domingo Tabuyo y Carmela Silva, pudieron desarrollar ambas facetas sin que nadie les forzase a renunciar a nada. Esta situación equívoca planeó durante toda la campaña sobre el candidato socialista. Probablemente esta sea la razón por la que Pose insistió una y otra vez en que él «venía a quedarse» y dijo lo que dijo. Por eso el anuncio de su abandono del acta de concejal supone faltar a su palabra, merma su crédito político y le expone a pagar una dura factura personal, además de situar al grupo municipal en un complicado escenario de partida, por cuanto pierde de nuevo a su número uno a las primeras de cambio.
No es cuestión de sesudos cálculos políticos, pues lo normal, efectivamente, es que los socialistas emprendan algún tipo de recomposición y Modesto Pose no es la figura de futuro que necesitan, sino de la imagen que se proyecta hacia la ciudadanía. Su decisión ha desencadenado que en la calle esté prendiendo la idea de que el candidato se marcha para mantener un sueldo en el Parlamento. Algo incierto, por cuanto el retorno a su profesión como inspector médico le reportaría un buen salario, que de permanecer en Ravella podría complementar con la portavocía del PSOE en la Diputación. El motivo de su querencia por Santiago habría que buscarlo en un intento por conservar influencia y manejar los tiempos en la estructura provincial del partido, que él lidera. Empeño complicado, habida cuenta de que el referente ha pasado a ser el alcalde de Vigo, Abel Caballero, enfrentado al vilagarciano y aliado circunstancial de Vázquez en la pelea por el control del puño y la rosa.
A todo esto surge una carta firmada por una treintena de miembros del sector crítico. Su contenido es una obra maestra de la insidia. Algunos de quienes rubrican el escrito le espetaron a Pose en su día que era un pésimo candidato. Ahora proclaman que el grupo municipal necesita su experiencia en la oposición. No parece, por tanto, que se persiga otra cosa que un ajuste de cuentas. Probablemente se sienten ninguneados, con razón, al no ser aceptado ni uno solo de sus tres aspirantes a integrar la candidatura. Es lógico, legítimo y saludable exigir cambios y responsabilidades. Pero eso se hace en una asamblea, que por ahora los críticos han sido incapaces de ganar, presentando alternativas, con sentido colectivo y generosidad para olvidar y construir. La navajada solo conducirá a un nuevo baño de sangre que en la oposición será devastador.
LA COSA POLÍTICA