Indignante

Javier Gago

AROUSA

16 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Utilizando la palabra de moda, resulta indignante leer, escuchar y ver a Mariano Rajoy en los medios de comunicación, hablando de la crisis mientras se tuesta al sol de Sanxenxo, pesca fanecas en las rías, contempla una faena de aliño en la plaza de toros de Pontevedra, baila en el Casino o se atiborra de pulpo en la feria de O Carballiño. Eso sí, arrimar el hombro proponiendo soluciones o medidas a tomar, nada de nada, porque sus asesores se lo tienen prohibido, no vaya a ser que hable otra vez de lo bien que lo hace el primer ministro Cameron, incrementando tasas universitarias, reduciendo las becas, estudiando el copago sanitario, recortando el gasto social o dejando en la calle a 500.000 empleados públicos.

Pero no importa, porque si gobierna Rajoy, lo que está por ver y no deseo, las cosas se harán «como Dios manda», y todo arreglado. A la inspiración divina le debe su exitosa gestión, que nadie recuerda, de años en la política como presidente de la Diputación de Pontevedra, vicepresidente de la Xunta de Galicia o del Gobierno Central, así como su paso indeleble por unos cuantos ministerios. Aún tenemos presente los gallegos cómo fue capaz de tranquilizarnos sobre las consecuencias del Prestige al asegurarnos que solo unos «hilillos de plastilina» eran todo lo que los tanques del buque hundido soltaban a la mar. ¡Menos mal!, exclamamos aliviados, y aún hoy no hemos sido capaces de demostrarle nuestro agradecimiento por su lúcida información, ajustada a la realidad de los hechos.

Dice Rajoy que estamos peor que otros países porque nuestro índice de desempleo es el doble que el de la media europea, pero no explica que la mitad de las personas en paro proceden del sector inmobiliario, y que él formaba parte de aquel gobierno de Aznar que aprobó, en 1998, una reforma de la ley del suelo que convirtió a nuestro país en un paraíso urbanizable, al alcance de los especuladores urbanísticos, lo cual posibilitó la burbuja inmobiliaria que explotó tan pronto el crédito hipotecario barato y sin control dejó de manar. Y ya tiene receta para crear empleo: menos impuestos y más flexibilidad (¿más aún?) del mercado laboral. Lo de los impuestos será para que paguen menos los que más tienen, es decir, aquellos que en estos momentos deberían colaborar más, pero ya sabemos que Rajoy tiene la varita mágica que repetirá el milagro de los panes y los peces: menos ingresos y el mismo gasto social. ¿De verdad se lo creen ustedes?

Ya lo decía Aznar, padre putativo de Rajoy: «España es el país de las oportunidades», y si no que se lo pregunten a su compañero de pupitre el Sr. Villalonga. Creo que a todos nos gustaría, por el contrario, que existiese una verdadera «igualdad» de oportunidades, pero ¿qué se les puede pedir a quiénes creen que la redistribución de la riqueza, en vez de un acto de justicia y solidaridad, lo es de caridad? Nazin of nazin, en inglés aznariano.