El directivo encargado del manejo del marcador del campo isleño y voluntario de emergencias tuvo que salir corriendo antes del partido a ayudar en un incendio
11 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Que no se puede estar en misa y repicando es un hecho común a la mayoría de los mortales. El problema es que a veces la necesidad obliga a abandonar la misa para repicar campanas de alarma con tanta premura que al monaguillo se le puede olvidar dejar la iluminación de la iglesia lista para orientar en el templo a los parroquianos.
Eugenio García, Geno, era el domingo el directivo del Céltiga encargado del manejo del marcador del Salvador Otero. Marinero de profesión, ex integrante de la desaparecida agrupación local de Protección Civil, sigue colaborando en labores de emergencias como voluntario municipal. Y el domingo la vocación altruista de García se impuso una vez más a su devoción por el fútbol y el club de su pueblo. A diez minutos del inicio del partido entre el Céltiga y el Pontevedra B, Geno supo que no iba a poder disfrutar de su aguardado placer dominical. Una densa columna de humo negro se alzaba desde el cercano lugar de As Aceñas cual bengala a los ojos del respetable en el campo isleño.
Una llamada de confirmación activó el chip del directivo. «Presi, teño que marchar», le dijo desde la cabina de prensa al mandatario del Céltiga.
Lo intentó hasta el final
Sin tiempo que perder, Geno aprovechó el trayecto desde el garaje del camión antiincendios del Concello, situado junto al Salvador Otero, para cambiarse despreocupado de la conducción en compañía del jefe municipal de obras y el edil Isidro García. Y al llegar a destino «ao saltar do camión caeume o mando do marcador. Foi cando me decatei de que o levaba comigo». El Céltiga-Pontevedra B estaría empezando en ese momento sin más referencia para los aficionados que sus propios relojes y las cuentas de la vieja para apuntar el único gol del partido, en el minuto 20.
Vecinos de As Aceñas y otros voluntarios habían controlado ya la situación. Por la cabeza de Geno cruzó la idea de que «quizais me daría tempo a poñer o marcador en marcha». Y en su empeño contó con la ayuda de una redactora gráfica de La Voz, que lo llevó de vuelta al campo. Llegó 20 minutos tarde por su reloj. Solo le quedaba disfrutar de un triunfo que vale el liderato.