El milagro. Por Javier Gago

Javier Gago

AROUSA

11 dic 2011 . Actualizado a las 14:53 h.

Y de repente, el milagro. Se hizo la luz, cesó la oscuridad, se disiparon las dudas de quién aún las albergaba. El programa oculto del Partido Popular se manifestó claro y transparente, y los incrédulos comprendieron que:

-Recortar aún más el salario de los empleados públicos, anular parte de sus derechos, e incrementar su jornada laboral para despedir a los interinos y laborales, reduce la calidad de los servicios públicos, pero no importa, porque lo público debe decaer ante lo privado.

-El concepto de igualdad nos hace menos competitivos. No es razonable que todos los niños puedan llegar a ser médicos, ingenieros o maestros, por ejemplo. Aún hay clases, hijos de obreros e hijos de pudientes. Así que eliminar la gratuidad de los libros de texto, reducir las becas de transporte, comedores escolares o estudio, y prescindir de profesores masificando las clases, será un incentivo para acudir a la enseñanza privada, porque, en un principio, no importa tanto lo que vales, como lo que tienes.

-La universalidad es una mera entelequia. Cerrar centros de salud, gestionar privadamente los hospitales, introducir el copago sanitario y animar a la gente a que contrate seguros médicos, convirtiendo la sanidad pública en beneficencia, no sólo es razonable, sino que acabará con el abuso de aquellos que, aún enfermos, podrían acudir a remedios caseros como unas buenas friegas, una tila o un carajillo bien caliente antes de dar la lata al médico e incrementar, innecesariamente, el gasto sanitario.

-Las ayudas a la dependencia no son un derecho. ¿Cómo van a tenerlo quiénes no producen? Primero, se paraliza el desarrollo de la ley, y luego ya se verá qué pasa con aquellos a los que ya se ha aplicado. Ayudar a quiénes lo necesitan es un lujo que el Estado no se puede permitir sin que salga perjudicado por ello. Y como todo el mundo sabe, la caridad empieza por uno mismo.

-El Estado de Bienestar es una utopía socialista. Solidaridad sí, pero con límites. ¿Cómo quitarle a los que más tienen, que votan masivamente a la derecha, para garantizar servicios básicos a aquellos que más los precisan? Ya dijo el gurú Aznar que España es un país de oportunidades, así que, quien no las aprovecha, es que no sabe, no vale o peca de honradez. ¿Porqué cargar con ese muerto?

Y mientras tanto, la patronal se frota las manos; la derecha económica se troncha de risa; la caverna mediática, y algunos otros medios, aplauden con las orejas las medidas porque estas sí, y ahora, son necesarias; los indignados se convierten en resignados; los sindicatos hablan de voluntad negociadora, y los ciudadanos otorgan, porque ¿quién mejor que la derecha para manejar la economía?? Menos mal que nos queda Portugal. ¿O ya no?