Porque todos somos «personas humanas»

Elena Suárez

AROUSA

18 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

En los tiempos que corren, en los que ese moderno hombre del saco al que llamamos agencia de calificación nos mete el miedo en el cuerpo cada dos por tres, y en los que los mercados, y no precisamente los de los martes y sábados, parecen querer decirnos qué tenemos que hacer con nuestras vidas, es desde luego de agradecer que la sociedad se manifieste y que lo haga sacando a relucir uno de los valores que mejor definen a las «personas humanas»: la solidaridad.

Fundaciones, asociaciones, entidades de la más diversa procedencia, creencia o ideología se afanan en organizar actividades para tratar de ayudar a sus semejantes. Pueden ser pequeños o grandes gestos, desde pagar la entrada de un espectáculo con una botella de aceite a una rifa para asistir a una regata, pero de lo que no cabe ninguna duda es que es un claro síntoma de que algo está pasando.

Para quien, como yo, tiene la responsabilidad de dirigir un área de trabajo y bienestar, en la que se engloban algo tan fundamental como los servicios sociales, es por supuesto un aliciente para seguir adelante. Cada día conocemos nuevos casos, individuales o familiares, que nos recuerdan entre otras cosas que, por increíble que parezca, nadie está libre de pasar por dificultades y, por eso mismo, la solidaridad no es algo que deba circunscribirse a unas fechas tan señaladas como la Navidad, sino que debe ser una carrera de fondo, una actitud. Ojalá, pues, que este espíritu se transmita y mantenga todo el año. Si las instituciones y las organizaciones no gubernamentales caminamos juntas, estoy segura de que la ciudadanía se implicará y de que, entre todos, lograremos una sociedad más justa.

Compartir lo que tenemos

La solidaridad, bien lo sabemos, no consiste en dar lo que nos sobra, sino en compartir lo que tenemos. Unos lo demuestran a través de las numerosas actividades que se organizan estos días. Otros, consolidando e incluso incrementado las partidas de acción social en los presupuestos municipales, aún cuando estos se reducen más de un veinte por ciento en su conjunto. Al final, el objetivo es el mismo: la solidaridad. Porque todos somos personas. Incluso humanas.