La localidad vive su segunda debacle económica con el exterminio de sus mayores empresas
24 feb 2013 . Actualizado a las 06:58 h.De la mano de los empresarios catalanes, Vilaxoán se convirtió, a finales del siglo XVIII y a lo largo de las primeras décadas del XIX en un enclave industrial de primera magnitud. Primero las salazones y, después, la conserva, alimentaron el gran despegue industrial de esta localidad. Pero esa pujanza comenzó a frenarse, las fábricas fueron cerrando y Vilaxoán acabó perdiendo sus empresas e incluso su Concello, al unirse a Vilagarcía en 1913. Esa fue la primera gran crisis industrial de Vilaxoán, que afronta ahora su segunda debacle económica con la desaparición de la industria conservera.
Salvo la excepción de la fábrica química Atlántica, abierta cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial, la segunda era industrial de Vilaxoán llegó, como la primera, desde el mar. La villa volvió a recuperar la industria transformadora de los productos marinos, y en la fachada marítima fueron instalándose conserveras, depuradoras, secaderos de bacalao. Se generalizaron también las bateas, y con ellas llegaron los cocederos. Y la pesca y el marisqueo vivieron una nueva era dorada, y con ellos no solo las fábricas, sino también la lonja y la plaza. Fueron los años de la ebullición de Vilaxoán.
La segunda caída
Pero todo ese esplendor se frenó, y Vilaxoán volvió a ser pionero, pero en este caso en enfrentar una crisis que se instaló con fuerza para evaporar todo el poderío industrial vilaxoanés. La primera en caer, a finales de los años ochenta, fue la Atlántica. Después vendría el traslado a Cambados de Costas y Miñán, aunque en este caso los trabajadores se fueron también con ella. A partir de entonces, el goteo fue constante: depuradoras como Pipla, cocederos y, sobre todo, la conserva. Peña echó el cierre hace casi tres años y, pese a la lucha de sus trabajadoras, las posibilidades de que vuelva a funcionar son mínimas. Y, por último, parece haber llegado también el fin de Cuca, cuya plantilla libra una lucha encarnizada por mantener la única conservera que quedaba activa en Vilaxoán. Si su cierre, como parece, se consolida, la industria conservera habrá desaparecido de esta localidad.