En estos tiempos que corren casi es mejor no saber qué hora es. Ni la hora ni el día ni, sobre todo, el año. Olvidar que atravesamos las penurias del 2013. Y para ello, en la comarca, nos podemos servir de varios relojes interesados en echarnos una mano. Seguro que hay más ejemplos, pero a estas páginas les traemos tres: las cuatro esferas del antiguo reloj del obelisco de la plaza de la Constitución de Vilagarcía, el de Carril y el de la Plazuela de Pontecesures. Todos ellos van a su bola.
Cuatro posibilidades
Como bien nos recuerda el historiador Manuel Villaronga en sus libros sobre Vilagarcía, el obelisco que ahora está en la plaza de la Constitución estaba hace cien años en la actual plaza de Galicia. Lo que no sabemos nosotros ni los cronistas es si ya entonces sus cuatro esferas marcaban cuatro horarios distintos y ninguno verdadero. Pero sí sabemos que eso es lo que pasa ahora. Una esfera marca las diez y cuarto, otra la una, otra las cuatro y pico... Y dejamos en suspenso si la cuarta marca la hora real, para que lo comprueben ustedes mismos. En descargo de los relojeros de Vilagarcía hemos de decir que otros relojes públicos marcan la hora exacta. La clavan el de Ravella y el de Caixanova. Pero si lo que queremos es seguir perdiéndonos, basta con ir a Carril.
Misterio en Carril
El reloj de Carril también tiene historia. Donado al pueblo por una familia de la localidad, en el año 2002 fue retirado de la Praza da Liberdade, como se había encargado de denunciar entonces el edil Rivera Mallo. Unos meses después se repuso en otra ubicación, pero las malas lenguas dicen que no es el mismo. De hecho, cuando en su día el hoy senador denunció los hechos, destacaba que el reloj era «de avanzada tecnología», y ya no lo debe ser tanto, porque en la actualidad va con seis horas de adelanto.
Las agujas locas
Curioso es también el caso del reloj de la Plazuela de Pontecesures. Como se encargó de denunciar hace unos días el concejal Luis Ángel Sabariz, no marca la hora correcta. Pero en este caso, para complicar más el asunto, no es porque el reloj no funcione. De hecho, como puntualizan los vecinos de la zona, las campanadas suenan a la hora exacta. O sea, que el engranaje va a la perfección. Las que no están por la labor son las agujas, que van a lo suyo. Ayer iban con diez minutos de diferencia respecto al horario real, pero pueden marcar también horario canario, chino o lo que se tercie. Sabariz lo denunciaba diciendo que era una mala imagen para el pueblo. Pero lo dicho, es posible que en estos tiempos valga la pena vivir en el País de las Maravillas donde todo puede ocurrir a cualquier hora. Aunque el estresado conejo del cuento no piense lo mismo, siempre pendiente de su reloj de bolsillo.