La asociación Bata se estrena este año como participante en el programa ambiental de Voz Natura, que promueve la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre. En esta primera experiencia no han tenido mucha suerte con el tiempo, pues desde principio de curso casi no ha dejado de llover y no han podido salir a preparar su huerto. Pero eso no los ha desanimado, sino que han trabajado en dejar el terreno listo para cuando llegase el buen tiempo. Ahora que ha llegado, los alumnos de Os Mecos han podido salir y disfrutar de una plantación.
El saber de los abuelos
Durante los meses anteriores, han aprovechado la sabiduría de los mayores de ese entorno rural en el que se sitúa el centro en el que atienden a diecisiete niños con diferentes trastornos del desarrollo. Los abuelos y los vecinos les explicaron cuándo tenían que plantar y cómo tenían que hacerlo. Y estos días tuvieron la ocasión de poner en práctica esos conocimientos en el espacio que han llamado la huerta de todos.
Las Filipenses, un aliado
También han buscado la colaboración con otros centros educativos, y han encontrado un buen aliado en el colegio Sagrada Familia-Filipenses de Vilagarcía. Allí estudia varios días a la semana uno de los niños que atienden en Os Mecos, y de ahí surgió la colaboración. El personal de Bata acudió a las Filipenses a dar una charla para que los niños de este colegio conociesen más a fondo a los chicos de Bata. Con ese camino andado, se puso en marcha la actividad, que consistió en una plantación conjunta entre alumnos de Os Mecos y estudiantes de las Filipenses. Distribuidos en parejas para que se relacionasen entre ellos, y bajo la supervisión de las profesoras, los chiquillos plantaron aromáticas, pepinos, pimientos y cebollas en su huerto de Baión. Lo hicieron siguiendo los pasos que les marcaban los pictogramas que habían preparado las maestras.
Cavar, plantar y regar
Con las herramientas apropiadas, los chicos cavaron la tierra, plantaron los vegetales y, después, pudieron deleitarse en su actividad favorita: el riego. Una vez las plantas en la tierra, los chiquillos corrieron raudos hacia el grifo para llenar de agua una de las regaderas que les estaban esperando. Las regaderas, e incluso alguna que otra camiseta, recibieron el agua que a los chavales tanto les gusta. Claro que el calor era intenso, y hasta apetecía. Ahora toca esperar a que todo crezca y llegue el momento de catar el resultado de su trabajo.