Cuarenta pasos hacia la memoria de Arousa

María Santalla VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Decenas de artesanos guardan el saber de las actividades tradicionales

26 may 2013 . Actualizado a las 06:52 h.

«As mariscadoras da Arousa e do Salnés, a vendima mailo viño identitario; o casorio feliz da terra-mar; o respiratorio da luz: en arte natural, senlleira... As marabillas». Esta hermosa descripción de la comarca la firmaba, hace casi un año, el escritor y profesor Xosé Vázquez Pintor en el reportaje con el que la edición de Arousa de La Voz de Galicia inauguraba la serie Oficios en extinción. A lo largo de todos estos meses, 41 personas nos han brindado la sabiduría de sus antepasados y nos han permitido recomponer los hilos con los que esta comarca fecunda y emprendedora ha tejido su pasado y su presente y ha sentado las bases de su futuro.

«Necesítase moita estima para esta escolla da man e do cerebro fronte á máquina, a ferramenta dixital, que vai de axiña», decía entonces el autor de Os vellos oficios. Los protagonistas de los 41 reportajes de esta serie le han dado la razón. Son, todos ellos, gente que ama sus raíces, la tierra en la que han nacido, el mar que les ha dado de comer, personas que no han tenido dudas a la hora de elegir la destreza de sus manos a la eficacia impersonal de las máquinas. Algunos de ellos son los últimos testigos de oficios que han desaparecido o que están a punto de hacerlo, como el salazonero Manuel Triñanes o el cesteiro Manuel Santiago. Otros han aprovechado la sabiduría que han heredado de sus antepasados y han tomado de ella el impulso necesario para dar el salto hacia los nuevos tiempos, como el escultor Francisco Pazos o el herrero Ricardo Rodríguez.

Unos y otros integran en Arousa el batallón de artesanos que han elegido el apoyo de sus manos para buscar el sustento o para disfrutar de sus ratos de ocio. Algo más de un centenar de soldados componen este ejército encargado de la defensa de la piedra filosofal de una treintena de oficios.

El mar y la tierra, que se funden en el armonioso paisaje de la ría de Arousa, lo han hecho también a la hora de definir la vida de sus habitantes. Oficios, pues, relacionados con la pesca y con el marisqueo, y otros surgidos para dominar la tierra que han pisado los arousanos han dado de comer, durante muchas generaciones, a los habitantes de la ría. Redeiras, carpinteiros de ribeira, pescadores de liña, trabajadores de la conserva y de la salazón, han convivido con molineros, capadores, tratantes, cesteiros o herradores. Para construir y equipar sus casas han trabajado carpinteros, herreros, canteros o latoneros. Y para hacer más bello o confortable su día a día lo han hecho otros como curtidores, ceramistas, cultivadores de camelias, palilleiras, castañeiros, apicultores, costureras, orfebres o barberos. Otros les habrán ayudado en momentos especiales, como las parteras, les habrán confortado, como los compoñedores o incluso, por qué no, los sacristanes, y les habrán dado buenas y malas noticias, como los carteros.

Todas estas ocupaciones, y alguna otra que ha quedado atrás en este relato, han configurado la vida y hasta el lenguaje de la comarca y, pese a ello, son las grandes olvidadas en un mundo en el que la máquina ha sustituido al tacto de las manos. Los protagonistas de esta serie de reportajes nos han ayudado a mantener viva esa memoria, a volver la vista desde el asfalto hacia el mar y la tierra; a oler, más allá del humo de los tubos de escape, la brisa del mar y el aroma de las flores; y a escuchar el canto de los pájaros y el sonido de los grillos. Gracias a todos por ello.

Han elegido el apoyo de sus manos para buscar el sustento o sus ratos de ocio

Cuarenta y una personas nos han brindado la sabiduría de sus antepasados