Entre el fuego y el baño en A Lanzada

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Poio alimentó anoche con sardinas a un millar de festejantes.
Poio alimentó anoche con sardinas a un millar de festejantes. ramón leiro< / span>

El influjo purificador del mar distinguía una fiesta hoy dominada por la cultura urbana

24 jun 2013 . Actualizado a las 14:38 h.

San Xoán es fuego. Anoche, un millar de hogueras ardieron en las comarcas de Pontevedra y Arousa como recibimiento simbólico del verano. Vilagarcía batió su particular récord, al congregar 330 cachadas. Del centenar largo de Pontevedra, 18 se celebraron en el centro de la ciudad. En Poio, en plenas fiestas patronales, la más poderosa de las luminarias distribuyó 400 kilogramos de sardinas a unos mil comensales. Aunque nada de brasas en sus playas de bandera azul, como tampoco en las de O Grove y Bueu. Mucho menos en Marín y Sanxenxo, en cuyos arenales las llamas fueron prohibidas tajante y completamente. Atención especial en A Illa para que la fiesta se mantuviese en cauces razonables.

El relato podría proseguir por el mismo cauce hasta agotar las líneas de esta página. San Xoán es fuego. Fuego que, sin embargo, ya no purifica. De las diferentes funciones que la fiesta cumplía en la Galicia tradicional, apenas mantiene su vigencia una de ellas: el refuerzo de los lazos de la comunidad, el componente social. «No rural había unha fogueira por cada aldea, a fogueira representaba a comunidade, pero tamén en cada casa, e agora vémolo trasladado aos bairros das cidades», explica el antropólogo arousano Xosé Ramón Mariño Ferro. Hasta el punto de aventurar que «en tempos, se puidesemos ver Galicia dende o aire, detectariamos os lugares con sentimento de identidade», Es este aspecto de pertenencia grupal el que ha sido abrazado y potenciado al máximo por la cultura urbana, absolutamente dominante.

Poco a poco se desvanecen los aspectos religiosos que entrañaba la noche más corta del año. La idea de la víspera del día santo como momento para ritualizar y conjurar el mal, como purificación previa a la celebración sagrada. En este sentido el de San Xoán es, precisa Mariño Ferro, un esquema típico de las fiestas tradicionales que componían el ciclo anual. Si de desprenderse de lo maligno se trata, nada mejor que el fuego que todo lo quema. Pura lógica.

San Xoán es también agua. El agua que limpia. Aromatizada con fiúncho, dixitalia, romero, menta. Tocada por los primeros rayos del sol. El orballo que riega los campos al amanecer. Y el mar, claro. «Antes debeu de ser moi normal en moitísimos sitios, pero o único lugar no que se conservou o costume de bañarse en auga de mar como forma de purificación foi aquí, na Lanzada», subraya Mariño. Es este baño, bajo el influjo poderoso del arenal, el aspecto que podría distinguir la celebración en Arousa frente al resto de Galicia y otros enclaves del Occidente europeo. Porque los ritos «basicamente son os mesmos na Europa de tradición católica».

No se trata, por tanto, del baño fertilizante de las nueve olas. La tradición de las mujeres infecundas se cumplía la víspera de la Virxe da Lanzada, no en San Xoán. Cualquiera puede, pues, sumergirse hoy bajo sus aguas y, por qué no, emerger con el esperanzador convencimiento de que ningún mal dura mil años.