Del arrabal al escaparate de la villa

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

La antigua plaza de la Constitución era la primera imagen de Vilagarcía al llegar desde Carril

25 ago 2013 . Actualizado a las 06:50 h.

Por aquellos años en los que Vilagarcía se fusionó con Carril y Vilaxoán para crear el nuevo concello, lo que ahora es la plaza de la Constitución formaba parte de los arrabales de la villa, tal y como figura en un viejo documento del año 1875. Arealonga se extendía entonces desde O Castro a la calle Ancha del Río -la actual Rey Daviña-, pero a partir de esa travesía, no había nada urbanizado hasta llegar a la playa Compostela y al viejo Carril.

Pero pronto cambiaron las cosas, y como recoge Manuel Villaronga en su libro A Vilagarcía das vellas postais, en esa transformación tuvo mucho que ver la construcción de la carretera a Cambados, la misma obra que provocó la desecación de las marismas. El proyecto, calificado entonces como «empalme de las carreteras de Chapa a Carril y de esta villa a Gondar», comunicaba no solo la lejana Cambados con Vilagarcía, sino también esta con Carril y Santiago. Por eso, los que llegaban de la ciudad compostelana entraban en Vilagarcía por esa carretera, y la primera visión que tenían de la villa era la plaza de la Constitución, que entonces no tenía la fisonomía actual y se llamaba de Santa Lucía, por el riachuelo que cruzaba el centro de la localidad y que ahora discurre tapado, pero que sigue dando nombre a una calle.

Por ser espejo de Vilagarcía, los mandatarios de entonces consideraron adecuado mejorar su imagen, y aprovecharon que el que era propietario de la mayor parte de las fincas -el empresario Joaquín Martínez García- pensaba urbanizar sus terrenos para crear una plaza que tomó más o menos las dimensiones actuales. En 1904, el alcalde Castor Sánchez llamaba la atención del resto de la corporación sobre las ventajas de «hacer una plaza a su entrada, frente al edificio del asilo». Y así se hizo.

Hay otros dos aspectos más de interés en la historia de la plaza. Uno de ellos, la construcción del edificio de la central telefónica, que todavía hoy sigue recibiendo a caminantes y automovilistas al finalizar la avenida de Rosalía de Castro y tomar la de Juan Carlos I, aunque ahora alberga comercios en sus bajos. El locutorio dio lugar a una de las anécdotas más graciosas en la historia de Vilagarcía, la que protagonizó Dámaso Carrasco cuando, para dar un recado a Ribeira, lo hizo a través de un conocido suyo en Buenos Aires, porque era más fácil hablar con el otro lado del Atlántico que con el otro lado de la ría.

Pero la parta humana de la plaza la puso siempre el asilo, que se fundó en 1893 para cumplir con el testamento de Luisa Vila Janer, viuda del alcalde republicano José Bargés, que donó esos terrenos de su propiedad en favor de los ancianos más desfavorecidos. En 1897 fue cedido al Concello, que todavía hoy tutela la actual residencia Divina Pastora. Ese legado, junto con la sede de Cáritas y la Cruz Roja, hacen de la plaza de la Constitución el centro de los servicios sociales de Vilagarcía.

A todo ello se sumó hace poco otro símbolo; el viejo reloj emplazado hace cien años en la plaza de Galicia y que ahora marca hasta cuatro horas distintas en cada una de sus esferas.

El asilo y el viejo edificio de la red telefónica son

los símbolos

del lugar

No hace mucho que se recuperó el antiguo reloj de cuatro esferas de la plaza de Galicia

La fisonomía actual de la plaza data de su urbanización en 1904, cuando el empresario Joaquín Martínez García edificó los solares que tenía allí. Tomó el nombre del río Santa Lucía, que discurría por el centro de la ciudad antes de quedar tapado por el asfalto.

Denominación actual.