Carril fue más que paraíso de la almeja

María Santalla VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Industrias metalúrgicas, curtidurías o fábricas de jabones humeaban hace un siglo en la localidad

06 oct 2013 . Actualizado a las 06:50 h.

Industrias metalúrgicas, curtidurías o fábricas de jabones humeaban hace un siglo en la localidad.

Hoy, Carril es conocida en toda la Península como una localidad marinera en la que se produce, quizás, la mejor almeja del mundo. Dando un paseo por el Carril de hoy, nadie diría que hace solo un siglo la villa era también un dinámico centro industrial en el que humeaban las chimeneas de varias factorías metalúrgicas, fábricas de jabones, curtidurías, o salazones. Sin embargo, una mirada atenta permite atisbar todavía entre sus muros los vestigios de ese Carril próspero que había crecido al amparo de su puerto y de su intensa relación con Compostela y que conservaba todavía entonces su Concello. Al borde del paseo marítimo se alza aún el esqueleto de la que fue en su día la fábrica de Fundiciones Alemparte. Es solo un ejemplo -hay alguno más- del pasado industrial que guardan las entrañas de Carril.

Testimonio también de esa pujanza es que en 1801 se estableció en la localidad una aduana de segunda clase. Trabajaban en este lugar varias fábricas de salazón, algunas de curtidos y fundiciones. Además, de su puerto partían barcos cargados de adoquines con los que se pavimentarían las calles de muchas grandes ciudades europeas. En este muelle, cuyas obras de mejora se inauguraron en 1866, se recibían también importantes cargamentos de lino y cáñamo, que procedían de Rusia, y cueros que llegaban de América a través de los puertos andaluces y portugueses.

Una acomodada burguesía

Por supuesto, para gestionar todo este tráfico marítimo se asentaron en Carril importantes empresas consignatarias. Y algunos comercios fueron germinando también al calor de esta prosperidad. Claro que este esplendor, que fue asiento de una acomodada burguesía, no benefició por igual a todos los carrilexos. Madoz, en su Diccionario Geográfico-Histórico-Estadístico de España y sus provincias de Ultramar, de 1845, expone que Carril tenía por entonces 2.165 habitantes que vivían en 250 casas «de mala construcción, excepto unas seis que hay en la villa, espaciosas, cómodas y de buena arquitectura». La cita la recoge Manuel Villaronga en su libro Vilagarcía, Vilaxoán y Carril.

A mayores, tras las vacas gordas también entonces llegaron las flacas. La localidad entraría en una etapa de decadencia que se atribuye a la sustitución progresiva de la vela por el vapor, una evolución que hizo que el tonelaje de los barcos creciese y, en consecuencia, que las instalaciones portuarias de Carril se quedasen escasas. Fue entonces cuando la localidad carrilexa comenzó a perder papel a favor de otros puertos, entre ellos el de Vilagarcía.

Ni siquiera el hecho de que la primera línea de ferrocarril gallega tuviese Carril como destino fue suficiente para frenar el declive de esta población. En 1888, la entrada en funcionamiento del Muelle de Hierro de Vilagarcía supondría la estocada definitiva a la villa vecina. La aduana, la Junta de Sanidad y las consignatarias fueron dejando Carril para instalarse en la hoy capital arousana. En esa tesitura se hizo cada vez más complicado mantener el Ayuntamiento, hasta que en 1913, agobiado por las deudas contraídas con la Diputación y el Estado, firmó junto a Vilaxoán su anexión a Vilagarcía.

Se cerraba entonces una etapa, pero pese a ello algunas fábricas siguieron en pie y trabajando todavía durante años. Se irían perdiendo también según corrían los años del siglo XX. En la actualidad, en Carril apenas queda alguna pequeña industria, pero las pujantes fábricas que daban empleo a muchos de sus vecinos han desaparecido para dejar paso al paraíso de la almeja que hoy representa esta localidad y a la promesa de que Cortegada y su inclusión en Illas Atlánticas aflorarán algún día en un nuevo esplendor para Carril.