La felicidad, dicen, es en buena medida una cuestión de actitud vital. De echarle morro al asunto y romper con esos convencionalismos que a veces no son más que un corsé. Avelino, Tina, Carmen, María José y Mari parecen empeñados en demostrar que así es, que para divertirse hay que ver las cosas de otra forma. Ayer, sin ir más lejos, dejaron atónitos a más de un paseante en la playa de A Compostela. Mientras media comarca se embutía cual cebolla en sucesivas capas de ropa para combatir el frío, ellos se reunían poco después del mediodía en el arenal vilagarciano para... ¡Tomar un baño! Se desembarazaron de sus ropas, lucieron palmito y nadaron sin temor al constipado. Incluso brindaron con cava a pie de playa con la esperanza de que se acabe el paro.
Este peculiar grupo de amigos vilagarcianos y santiagueses (ayer faltaba Carlos, uno de ellos) frecuenta la playa de A Compostela durante todo el año, ya sea verano o invierno, para bañarse, jugar a las palas, correr o pasear en bici. Cualquier actividad vale si la dicha es buena. «La gente -explican- nos mira y se creen que estamos locos, pero otros van a yoga y nadie les dice nada. ¡Pero es que esto es gratis!» Razón no les falta, ¿no?