Una veintena de extrabajadoras de la residencia geriátrica Valle-Inclán (Vilanova) se encerraron ayer al mediodía en el salón de plenos del Concello vilanovés y allí seguían a las ocho y media de la tarde, con los bártulos preparados para pasar la noche. Es una vuelta de tuerca en las movilizaciones que están llevando a cabo desde hace meses como consecuencia del despido de 39 personas del centro.
La mayoría dispone ya de una sentencia en la mano que obliga a la empresa a readmitirlas, pero el gerente de Nurtime, Enrique Martínez, ya ha dicho que no tiene intención de hacerlo. El juzgado tendrá que pronunciarse al respecto pero, independientemente de lo que dictamine la Justicia, el colectivo opina que también cabe intervenir por la vía política a la hora de garantizar que las plazas públicas del geriátrico -cuya adjudicación está pendiente de un concurso- sigan en Vilanova. Por eso siguen empeñadas en ser recibidas por la consellería de Traballo e Benestar, Beatriz Mato, y hasta que nos las reciba para presentarle sus propuestas no se moverán del salón de plenos. El alcalde de Vilanova, Gonzalo Durán, lleva dos días tratando de concertar la ansiada reunión, pero desde la consellería no recibe respuesta. Ayer apelaba a Mato para que no tarde más en poner cita y hora «para evitar que estas mujeres pasen aquí el fin de semana».
Pese a sus notorias diferencias con la CIG, uno de los sindicatos interlocutores de las trabajadoras despedidas, Durán no ha escatimado tiempo a la hora de hablar con los afectados. Ayer y anteayer estuvo varias horas reunido con el colectivo al que brindó su colaboración a la hora de facilitar su permanencia en el Concello y pidió que no estorbe el normal funcionamiento de la administración local.