La aparición en la operación Púnica de la adjudicataria del proyecto de ampliación suma un escollo más a un proceso que cansa a la ciudadanía por sus retrasos y promesas incumplidas
02 nov 2014 . Actualizado a las 04:58 h.Ya hay quien dice que cuando de verdad lleguen las excavadoras al Hospital do Salnés para empezar las obras de ampliación, entre la tierra removida aparecerán los restos de San Ero. Va, desde luego, con retranca, pero con ella se quiere recalcar lo que ya es una sensación generalizada en la comarca; que como en el cuento de Pedro y el lobo, son ya tantos los retrasos, escollos, promesas incumplidas e inconvenientes para la puesta en marcha del proyecto que siempre se espera un nuevo traspiés que lo retrase.
No es raro que se tenga esa sensación; difícilmente se podría encontrar otra obra pública realizada en Galicia y que haya estado rodeada de tantos despropósitos al margen de colores políticos, porque se alargaron tanto en el tiempo que lo mismo ocurrieron con gobiernos del PP que cuando el PSOE y el BNG compartían responsabilidades en la Xunta. Desde que a finales de los noventa las fuerzas vivas tuvieron que sumar esfuerzos para presionar a la Xunta y obligarla a que construyese el hospital al momento actual, en el que incluso dentro del PP no se disimula el hartazgo por los retrasos en la ampliación, las demoras han sido tantas y en algunos casos tan surrealistas que hasta que las máquinas estén trabajando, nadie se atreve a asegurar que realmente se vaya a construir el nuevo edificio.
El centro se inauguró dos años después de la fecha prevista, en el 2001. En el 2003 ya se empezó a hablar de que se quedaba pequeño y se planteó la posibilidad de construir una tercera planta. En el 2005 empezó a gobernar el bipartito, que se comprometió a realizar la obra. Le llevó tanto tiempo que cuando se inauguró, en el 2009, ya gobernaba de nuevo el PP. Fue la conselleira de Sanidade Pilar Farjas la que cortó la cinta. A Farjas no le sirvió el proyecto del bipartito, lo mismo que al bipartito no le había valido el anterior. Así que hubo que redactar tres, con sus costes y sus tiempos.
Pero ya se sabía que la tercera planta se quedaba insuficiente, que el problema real estaba en urgencias y que había que construir un nuevo edificio para duplicar su capacidad. Cinco años después de que se le diese el visto bueno a su construcción, todavía no se colocó la primera piedra. El compromiso es hacerlo este año, y queda un mes. A todo ello hay que añadir los problemas de presupuestos, un asunto nada baladí porque sin consignación presupuestaria no hay dinero y sin dinero no hay obra. Los cuatro años en los que el bipartito estuvo en el poder los dedicó Marta Rodríguez desde la oposición a fiscalizar las obras. Pero nada más recuperar el PP el poder autonómico llegó un nuevo chasco: los Orzamentos del 2010 no reservaban ninguna partida para las obras de ampliación del hospital. Rodríguez Arias se vio obligada a salir del paso diciendo que sí había un millón de euros para el proyecto de la obra, pero si lo había, al menos ese año no se invirtió, y al siguiente tampoco apareció una partida específica. La excusa era fácil; todavía no se había invertido el millón de euros del año anterior. Hubo que esperar al 2012 para que por fin los presupuestos autonómicos reservaran seis millones, pero otra vez con sus reservas, porque era una consignación conjunta para la redacción de los proyectos del Hospital do Salnés y de quince centros de salud. Precisamente, los del concurso que ganó Cofely España, la empresa investigada en la operación Púnica.
En realidad, nunca hubo una partida específica para el Hospital do Salnés. O no aparecía o figuraba en un bloque con otras obras o dentro de las subvenciones europeas, como ocurre este año con los 5,4 millones de euros supuestamente consignados. Ese es otro de los motivos por el que muchos creen que la ampliación es más un castillo en el aire que una obra cimentada.
Y por si todo ello no fuera suficiente, al cóctel hay que añadirle las desavenencias políticas, como cuando la Mancomunidade do Salnés decidió comprar la parcela de ampliación y los alcaldes socialistas -el de A Illa y el de Catoira- se opusieron argumentando que ese gasto tendría que haber corrido a cargo de la Xunta. Y ya para rematarla, llega la operación Púnica y con ella, la detención de varios responsables de Cofely España, la empresa adjudicataria del proyecto, electrificación y mantenimiento de la ampliación. Al margen de las consecuencias políticas, la investigación podría suponer un nuevo retraso en las obras.
Con más de una década de despropósito en despropósito, no es extraño que la comarca tenga la sensación de que, al menos en cuestiones sanitarias, siempre se le tomó el pelo. De ahí lo de San Ero y la retranca.