Jugadores y entrenadores de Preferente y de Primera Autonómica buscan en el autoempleo una forma de ganarse la vida «porque o deporte é só unha axuda»
25 ene 2015 . Actualizado a las 04:50 h.El fútbol es más que Ronaldo, Messi o el Cholo Simeone. Es, también, el Céltiga, el Unión Grove y el Juventud de Cambados; esa ristra de equipos que conforman las categorías inferiores y que aglutinan a un ejército de jugadores, entrenadores y demás personal asistente. En estos niveles, el deporte rey pierde relumbrón y ni hay fichajes millonarios, ni cochazos a la puerta de los estadios, ni fiestas de alto copete. Es el fútbol de andar por casa, el que no da de comer. «É unha axuda, pero non chega para vivir», apunta Eduardo Charlín, Chuchonero. El entrenador y coordinador de los juveniles del Céltiga acaba de estrenarse como empresario; la semana pasada abrió una barbería en su Cambados natal y ya está pensando en ampliar el negocio con una sección de estética. Todo se andará. De momento está volcado con los cortes de pelo y los afeitados y haciéndose una cartera de clientes. Se trat de hombres, exclusivamente, «porque peinar ás mulleres -confiesa- é moito máis complicado».
¿Cómo se llega a la peluquería desde el fútbol? «Sempre me gustou. O mar abúrreme -su padre es marinero- e cando repetín segundo de BUP, eu e David Galiñanes fomos facer un curso de perruquería». Nunca había llegado a ejercer, pero la necesidad obliga. Hace dos años perdió su empleo como administrativo en una empresa de Meaño y Edu Charlín volvió a poner sus ojos en las cabelleras. Hizo nuevos cursos de formación y echó mano de las cabezas y las caras de sus amigos para practicar los cortes, los tintes y los apurados, hasta que se vio preparado para meterse en la aventura de montar su propia empresa. Parte con la ventaja de que ya tenía local, un bajo de la familia en la plaza Compostela, y que este negocio es compatible con su pasión: el fútbol. Por el día está en PC Barbería y a las ocho de la tarde, tres días a la semana, pone rumbo a A Illa para entrenar. Y como el sábado por la tarde no abre, tampoco tiene problema para acudir a los partidos. Chuchonero se lo ha organizado bien, ahora solo le falta que ganar este partido.
Su caso está lejos de ser el único. Con la excepción de los estudiantes, los jugadores de las categorías inferiores deben buscase las habichuelas trabajando por cuenta propia o ajena. Si los plantillas de Preferente cobran poco -un jugador percibe de media entre 250 y 300 euros al mes, y un entrenador, entre 500 y 800 euros.- las retribuciones en Primera Autonómica son anecdóticas. En el Unión Dena, por ejemplo, los jugadores cobran 50 euros por partido ganado y 20 euros por partido empatado. «Ninguén está aí polos cartos», explica Pablo Andrade, que no tiene ningún problema en que le llamen Chulo. «E que ninguén me coñece polo meu nome», apostilla.
Este futbolista cambadés se ha metido a hostelero. Hace un año, él y su compañero de equipo Martín Portas cogieron las riendas del restaurante A dos Piñeiros, en Cambados. Ellos lo tienen más complicado que Edu a la hora de compatibilizar los horarios, aunque tienen claras sus prioridades. «Primeiro é o traballo e logo é o fútbol. Se estivera en Preferente tería que elixir pero en Autonómica non podes», señala. El fútbol no le da dinero, pero le da otras cosas como conocer a mucha gente, y eso, en un negocio que precisa de clientela, es un plus importante. «Por aquí veñen moitos compañeiros e xente que coñezo grazas ao fútbol. Estame axudando moito no negocio». Pablo y Martín están empezando en un tándem en el que otros jugadores llevan ya años instalados. Juan Manuel Sineiro Machu, abrió hace una década la que fue la primera y única agencia de viajes de Vilanova. Durante el día bucea en horarios de vuelos y tarifas de hoteles y por la noche se va a Vilalonga para enfundarse las botas y plantar cara al portero. Siempre tuvo claro que no iba a vivir del fútbol y que tenía que buscarse un medio de vida. Probó en los servicios deportivos pero acabó decantándose por el sector turístico. Y, desde entonces, además de compartir terreno de juego y vestuario con sus compañeros, les organiza las vacaciones y los viajes de novios.