A por el quinto sueño olímpico

manu otero PONTEVEDRA / LA VOZ

AROUSA

RAMON LEIRO

Teresa Portela y Frank Casañas participarán en Río de Janeiro en sus quintos Juegos con tanta ilusión como en su debut australiano

27 feb 2016 . Actualizado a las 19:19 h.

Participar en unos Juegos Olímpicos es un sueño al que no puede aspirar cualquier deportista. Vivir en cinco villas olímpicas es ya una hazaña al alcance muy pocos. Teresa Portela (Cangas, 1982) y Frank Casañas (La Habana, 1978) pasarán a formar parte de ese selecto club cuando acudan a Río en el próximo mes de agosto. Allí vivirán una experiencia olímpica que poco tendrá que ver con su debut en Sídney en el año 2000.

«Tenía 18 años y recuerdo la alegría que me había llevado cuando me enteré de que iba a unos Juegos», rememora la palista de Aldán. El lanzador de disco de La Habana tampoco es el mismo, «fui con 21 años, era un niño, me dedicaba a ir detrás de la gente pidiendo autógrafos», recuerda el cubano. Mucho han cambiado sus vidas dieciséis años después. Casañas cambió la bandera de su Cuba natal por la del país que lo enamoró, España. Y Portela es madre desde hace dos años, con el reto que supone criar a un bebé y mantener un entrenamiento de élite. Pero hay cosas siguen intactas. «La ilusión, eso no cambia», afirman ambos.

«Una siempre quiere conseguir medalla, si llega bien pero lo que quiero es ir en un estado de forma muy bueno, como el que tenía en Londres», se propone una Teresa Portela muy satisfecha por todos los logros cosechados a lo largo de su carrera, a la que le gustaría poner el broche de oro en forma de presea olímpica. Más conformista es Casañas. «Mi objetivo es ser finalista, ya no voy a por medalla, pero si llega, perfecto» confiesa el cubano.

Con 37 primaveras, Casañas es consciente de que vivirá sus últimos juegos. «Una medalla sería el broche de oro porque en un par de años me gustaría retirarme. Me siento bien, pero los años pasan y los resultados ya no los consigo con la misma facilidad», reconoce. Durante ese margen que se da para dejar el disco, pretende acabar su grado en ciencias del deporte para centrarse en su próximo reto, ser entrenador. De momento se prepara yendo a clase a aprender y a dar charlas a alumnos.

La piragüista morracense tiene ya una clínica de fisioterapia en la que ejercer su profesión, pero no ve cercana su retirada ni descarta lanzarse a por una sexta aventura olímpica. «Yo voy año a año y me guio por la motivación y los resultados», afirma. Su primer examen para mantener la motivación en los entrenamientos diarios ya los superó cuando retomó su carrera deportiva después de dar a luz. «Mi rutina cambió por completo, los entrenamientos diarios resultan agotadores y más con un bebé, que también es trabajo», recalca Portela, pero añade que «al final si se quiere, se consigue». De hecho, ella hizo fortaleza de la debilidad y ahora su Naira la acompaña a todas las concentraciones aportándole «una motivación extra».

Frank Casañas también es padre. Tuvo un niño y una niña con la lanzadora de martillo pontevedresa Dolores Pedrares. A ella le debe buena parte del mérito de los éxitos conseguidos. «En 2005 me vine para España, a mi el cambio me afectó, ser inmigrante es complicado y ella me ayudó muchísimo». Tras el fiasco que se llevó en el 2004 en los Juegos de Atenas donde aspiraba a medalla y no llegó a la final, Casañas se mudó con su mujer a España e inició los trámites para obtener la nacionalidad española que tardó tres años en recibir. En ese tiempo no pudo competir con ningún país y recibió los papeles tres días antes de viajar a la capital china. «Cuando me puse la camiseta fue un subidón muy grande e hice mi mejor resultado en mi carrera olímpica, un quinto. Iba bien preparado, pero la parte psicológica influyó mucho», recuerda el lanzador.

En Río, Casañas cerrará uno de los círculos de su vida. En la ciudad brasileña disputó su primer gran campeonato internacional, los Juegos Iberoamericanos. Y aunque no se subió al podio, se llevó «el premio más importante» de su vida, conoció a la madre de sus hijos. «Ahora iremos toda la familia allí para enseñarle a mis hijos donde nos conocimos», apunta sonriente.

También Teresa Portela acudirá con su marido David Mascato y su hija a su última cita olímpica en la que volverá a competir en la modalidad K-1 200, «una modalidad que empezó a ser olímpica en Londres y que se adecua a mis condiciones de velocidad». En esta cita, la palista de Cangas tratará de disfrutar más de los Juegos aunque sin olvidar la competición.

«En Sidney sí que era más consciente de los que significan unos juegos, en el resto iba más centrada en la competición», sostiene una Teresa que después de Río habrá estado como olímpica en todos los continentes, salvo en África. «No da tiempo a hacer turismo, piragüismo suele ser la última semana y al acabar vuelves a España» explica la palista que en Pekín «nos entraron las prisas por ver la Gran Muralla por si no volvíamos a tener la posibilidad de visitarla», recuerda entre risas.

Más tiempo para conocer las urbes olímpicas tuvo Frank Casañas, especialmente en Londres donde su entrenador le prohibió entrenar. «Llegué con el SPK alto, con fatiga muscular, porque había entrenado y competido mucho y el entrenador me dijo, calienta un poco y vete a descansar y al día siguiente haz un solo lanzamiento. Y acabé séptimo», destaca el hispanocubano.

Ante su quinto sueño olímpico, Portela y Casañas saben que la edad es su hándicap, pero tratarán de aprovechar su «madurez y experiencia» conseguida durante su singular vida deportiva.