Ander, el hombre que cambió de equipo para comer de las perdices

AROUSA

El exjugador del Xuven vuelve a O Pombal tras dejar en verano el Zornotza por el hoy líder Sammic para poder trabajar en una granja

09 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A efectos prácticos, apenas jugó media temporada con la camiseta amarilla. Y sin embargo, Ander García (Bergara, 5 de abril de 1989) sigue siendo uno de los jugadores con pasado Xuven recordados con más cariño por la afición de O Pombal. Un pabellón al que regresará el sábado por tercera temporada luciendo la camiseta del rival de turno; en esta ocasión la del líder provisional de la LEB Plata, el Sammic ISB. Y lo hará Ander después de haber cambiado el pasado verano de aires, con una oferta de trabajo en una granja de perdices acabando de decantar su decisión de abandonar las filas del Zornotza.

«Al lado de Bergara, en Elgueta, hay tres granjas de perdices. El encargado se jubiló, y cogieron a dos amigos míos para llevarlas. Les dije ‘contad conmigo’», recordaba ayer en Euskadi Ander García. «Tenía una oferta de renovación del Zornotza, pero me motivó la idea de trabajar en la granja con mis amigos, y jugar por primera vez en un equipo de mi provincia -Guipúzcoa-», tras hacer carrera en clubes de Álava, Vizcaya, Murcia, Alicante y Pontevedra. Más, explica, «como está el baloncesto, en el que muchas veces no tienes Seguridad Social, ni paro».

Lo tentó el recién ascendido Araberri para su proyecto en LEB Oro, y el mencionado Zornotza. Pero «al final Iraurgui -Sammic ISB- me ponía menos pegas a la hora de compatibilizar el baloncesto y mi trabajo en la granja».

Ander dispone de un título de vigilante de seguridad privada. Pero su labor en las instalaciones agropecuarias de Elgueta nada tiene que ver con ello. «Aquí hay tres meses a tope. Abril, mayo y junio, cuando las perdices dan huevos. Tenemos 20.000 parejas, y durante esos tres meses no podemos parar de recoger los huevos, que se lleva una vez a la semana un camión para la granja principal de la empresa, en Burgos». El resto del tiempo toca labores de mantenimiento de los animales y las instalaciones. Comenzando lógicamente por cuidar la alimentación de las aves. Con Ander, enumera, yendo «con la carretilla jaula por jaula rellenando los comederos».

Sin más contacto previo con el campo que cuando «de pequeño salía con mi abuelo a ayudarle a recoger en la huerta», el alero de Bergara responde con un entusiasta «¡Sí!» a si le gusta la forma que ha encontrado para llegar a final de mes; «al aire libre, con mis amigos». Claro que «siempre estoy abierto a buenas ofertas».