Un crimen salvaje por 150 kilos de almejas

p.p. vázquez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

VICTOR MEJUTO

En la noche del 21 al 22 de junio de 1998, Manuel García, vigilante de 68 años en una depuradora de Vilaxoán, era brutalmente asesinado por tres jóvenes. Los tres fueron condenados dos años después

14 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El asesinato de Manuel García Cascallar en la noche del 21 al 22 de junio de 1998 figura entre los crímenes más atroces en los anales de la crónica negra de la provincia. Con el valor del botín sustraído, los alrededor de 1.322,23 euros a precio de mercado de los 150 kilogramos de almeja robada de la depuradora Losada de Vilaxoán, Vilagarcía, multiplicando la sinrazón del salvajismo empleado por los tres autores del acto atroz que llevó el luto a la viuda, los cinco hijos y demás familia de Manuel García, conmocionando a la opinión pública. Casi dos años después, en la primera semana de abril del 2000, Ricardo Carro Mato fue condenado a 28 años de cárcel por el robo y su condición de autor material del asesinato con agravante de ensañamiento, solo un año menos de los que tenía cuando cometió el crimen en compañía de David Galbán y Juan José Dieste, a los que les cayeron 23 años de prisión -Galbán tenía 19 y Dieste 20 cuando se ensañaron con el vigilante-. A los tres se los condenó además a indemnizar a la viuda con 60.101,21 euros, y con la mitad de dicha cantidad a cada uno de sus cinco hijos.

Cuestión de horas. Ese fue el tiempo que le llevó a la Policía Nacional de Vilagarcía resolver el caso desde que un vecino daba la voz de alarma pasadas las nueve de la mañana del lunes 22 de junio de 1998 al hallar el cuerpo sin vida de Manuel García. Concluidas las cuatro sesiones del juicio en la Audiencia Provincial de Pontevedra, y conocido el dictamen del jurado popular al que tocó dictaminar la culpabilidad o inocencia de los tres acusados del crimen, junto a su grado de participación en el mismo, el relato probado de los sucedido resulta crudo en extremo.

El jurado determinó que Ricardo Carro, conocido en Vilaxoán como El Crecho o Ríchard, y Juan José Dieste, vecino de Carril, idearon el robo en la depuradora Losada en la tarde del mismo domingo 21 de junio de 1998. Un golpe para el que se ayudaron de un conocido furtivo, David Galbán, alias Quico, que ya había entrado en varias ocasiones en la cetárea.

Los tres acordaron reunirse por la noche junto a la depuradora. Carro y Dieste se llevaron de la casa del primero una maza de goma y un cuchillo de cocina. Para evitar que Manuel García pudiese pedir ayuda, cortaron los cables del teléfono de la instalación antes de hacer un primer intento de allanamiento por una puerta lateral de la depuradora. En la operación a Juan José Dieste se le rompió el cuchillo, que quedó sin mango.

Los asaltantes cambiaron entonces de plan. Carro comenzó a dar patadas y puñetazos en la puerta principal de la empresa al grito de «¡Abre, que son o xefe!». Los gritos de socorro del vigilante ahuyentaron al trío. Pero no por mucho tiempo. A la media hora Carro, Galbán y Dieste regresaron al lugar. El primero volvió a emplearse a fondo con la puerta, provocando esta vez el intento de huida de Manuel García. El hombre se topó de bruces con Juan José Dieste, que le dio un puñetazo en la boca y alguna cuchillada en el cuello.

El empleado de la depuradora se agarró a su agresor, cayendo ambos al suelo en mitad de la explanada de acceso a la cetárea. Carro le propinó entonces los primeros golpes en la cabeza con la maza que se había llevado. Ni los gritos de «¡Ríchard, Ríchard!» de un hombre de 68 años que había reconocido a su agresor frenaron a Carro, que con la ayuda de Dieste, llevó a un malherido pero todavía con vida Manuel García hasta la pared de la nave. El Crecho intentó entonces forzar la entrada a la oficina de la empresa, pero al no conseguirlo, regresó junto al guarda para quitarle las llaves. En ese momento, fuera de sí, volvió a golpearle con saña, hasta el punto de recurrir a la maza para clavarle el cuchillo sin mango en la cabeza. Culminaba así la barbarie que acabó con la vida del vigilante, al que encontraron con el cráneo y la cara destrozadas. Una vida a cambio de 150 kilos de almeja que los criminales sacaron en seis sacas para esconderlos en el mar, cerca de la depuradora. Un marisco que no pudieron siquiera vender.

Pocas horas después del descubrimiento del cadáver la Policía Nacional se encontró un documento judicial firmado por David Galbán en una papelera a escasos metros de la depuradora Losada. Los investigadores pusieron su mira de inmediato en Galbán y en dos de sus compañeros habituales, Ricardo Carro y Juan José Dieste. Los dos primeros, considerados extremadamente violentos. Galbán, con varios robos en cetáreas y concesiones marisqueras de Vilaxoán detrás en los meses precedentes, y detenido quince días antes del asesinato por pelearse con un vigilante del pósito al que casi ahogó en el mar.

Aprovechando que Carro estaba requerido por otra causa la policía lo detuvo. Dieste lo acompañó a comisaría, y varios agentes descubrieron a partir de una conversación informal con este que Dieste mentía sobre lo que había hecho en la noche del asesinato. Un registro del domicilio de Carro descubrió varias prendas a la postre inculpatorias y acabó con el autor material confesando el grueso de los hechos.