El paseo y el arenal de A Compostela, en Vilagarcía, se convierten en el epicentro de un fenómeno único
13 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Desde primera hora de la tarde, el paseo y el arenal de la playa de A Compostela comenzaron a transformarse en un improvisado mirador. A las cinco y media de la tarde, cuando el Concello inició el reparto de las 2.000 gafas preparadas para seguir el eclipse, ya se había formado una larga cola. La expectación sorprendió incluso a los propios organizadores, que habían habilitado una fila para quienes habían reservado sus gafas a través de la web y otra para quienes acudían sin reserva. En esta segunda se repartieron alrededor de 50 unidades.
De las 2.000 gafas, 1.700 fueron recogidas inicialmente, mientras que las 300 restantes se entregaron a partir de las siete de la tarde por orden de llegada. Mientras la espera avanzaba, también lo hacía la afluencia de público. El sol apretaba y muchos buscaban la sombra, pero sin perder de vista el cielo hacia el Oeste. Algunos llegaron preparados con sus propias sillas de playa y ocuparon los espacios del parque para esperar cómodamente el momento señalado.
Los bares de la zona tampoco quisieron desaprovechar la ocasión. Varios establecimientos modificaron su distribución para colocar más mesas próximas a la playa de A Compostela y, a media tarde, ya tenían todo completo. También algunos comerciantes aprovecharon la concentración de visitantes para hacer negocio, aunque para la mayoría la prioridad era disfrutar de una tarde que se presentaba irrepetible.
Entre los presentes había vecinos de Vilagarcía, visitantes llegados de otros puntos de Galicia e incluso extranjeros. Balcones y terrazas de los edificios próximos a la playa se convirtieron también en privilegiados puntos de observación. Poco a poco, el paseo se llenó de personas pendientes del cielo y comentando con sus acompañantes cada cambio en la luz.
La divulgadora científica de la USC, María Brea, fue la encargada de explicar el fenómeno y de ofrecer las indicaciones necesarias para observarlo con seguridad. Sus explicaciones guiaron a los asistentes durante los minutos previos y durante el propio eclipse, aportando datos y resolviendo dudas sobre el uso de las gafas.
Cuando empezó el eclipse, las conversaciones dieron paso por momentos al silencio. La emoción creció especialmente cuando también pudo observarse Venus. Entonces, el silencio rompió con una oleada de admiración acompañada de aplausos.
Los socorristas también notaron la excepcional afluencia. Aseguraron que durante la tarde hubo más público de lo habitual y también un aumento de las incidencias.
Y, casi tan rápido como llegó, la concentración comenzó a deshacerse al terminar el eclipse. El paseo se convirtió entonces en una auténtica marea humana camino de casa. Vilagarcía había vivido una tarde diferente, con el cielo como protagonista y A Compostela convertida en el gran punto de encuentro para este fenómeno.
En el momento central, la luz bajó, la temperatura descendió y las gaviotas parecieron volverse locas; la gente, en cambio, aplaudía encantada el espectáculo