Uxío López presenta «A diferenza repetida» en el centro Marcos Valcárcel
23 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El rey Felipe II encargó El entierro de Cristo a Tiziano y el cuadro se extravío en su traslado de Venecia a Madrid. Tiziano se vio obligado a repetirlo con gran celeridad y no supuso un problema porque conservaba la plantilla o el cartón. Esto era una práctica muy común en los talleres de la época. Repetir cuadros de éxito que los asistentes encajaban para que luego, el maestro, le diese la pincelada final que certificaba el cuadro como obra propia. La idea de obra única aún no era relevante. Los objetos de los bodegones siempre eran los mismos y se colocaban y combinaban como cromos en un álbum. La demanda apremiaba y la copia aumentaba la productividad.
Cuatrocientos años más tarde, el pintor francés Bernard Piffaretti desarrolló su propio método conceptual, el sistema Piffaretti, para realizar toda su obra. Piffaretti divide el cuadro en dos mitades. En la primera realiza un gesto abstracto con una serie de pinceladas no exentas de un cierto grafismo reconocible y claro; en la otra mitad repite el mismo gesto aplicando las mismas pinceladas en el mismo orden. El resultado nunca es el mismo porque una pincelada nunca es igual a otra, es imposible controlar la densidad o la espesura o la gravedad haciendo chorrear una gota en rebeldía. Una pincelada es una huella dactilar.
Uxío López presenta A diferenza repetida en el Centro Cultural Marcos Valcárcel hasta final de mes y en ella se alinea con Tiziano y Piffaretti para hablarnos de repetición (un asunto consustancial a la Historia del Arte) y de autoría. Y lo hace cuestionando ambos conceptos.
También está invocado Morandi, otro obseso de la repetición, especialmente en Afogados, mi serie favorita de esta exposición. Una deliciosa sucesión de pequeños bodegones llenos de rastros, de letras, de objetos cotidianos y de cosas pequeñas. Uxío es un maestro de las cosas pequeñas. La humildad siempre hace que aflore la grandeza.
Uxío lleva toda la vida domando el gesto. Pintor de grandes formatos, su estudio es un laboratorio donde palpitan la experimentación y una intensa búsqueda de nuevas relaciones entre los materiales. La suspensión del pigmento industrial sobre el aglutinante vibra como un daguerrotipo. En el gran formato el cuerpo del pintor habita el cuadro, su brazo es capaz de mover mucha pintura. En el formato pequeño se trata de microgestos, de pequeñas descargas, de sinapsis. El gran formato es físico; el formato pequeño es mental.
Por eso para esta exposición, que es un retrato íntimo, recurre al formato pequeño dispuesto en fraseos largos que se ordenan como en una partitura. El manejo experto de aliteraciones produce la deseada cadencia, a veces constante, otras veces sincopada. Si te dejas llevar casi puedes seguir el ritmo con el pie.
Podríamos decir que este es el trabajo más conceptual de Uxío y en él están incluidas con naturalidad las preocupaciones de esta práctica: la documentación, el archivo y el proceso. La compra por internet de un vinilo, el uso de su sobre como soporte, la compra del sobre ya sin el vinilo para continuar pintando. Son gestos mecanizados, acciones performativas que completan un ritual lleno de una lógica familiar. Luego, en el trabajo, hay imperceptibles variaciones, tozudas construcciones modulares y rítmicas permutaciones necesarias para construir un silabario a cuya lectura nos invita un sabio dominio del color y un empleo de la textura que no incurre en fatuas manualidades. Solo está lo que es preciso.
Están convocados a este sencillo ejercicio todos los pintores, porque todos los pintores nos pasamos la vida pintando el mismo cuadro. Y esta es una dolorosa lección. También lo están todos los filósofos, de Deleuze a Heráclito, y todos los ríos cargados de pensamiento a los que podemos acudir o ignorar, porque podemos disfrutar de esta obra desde la inocencia rupestre. Esta pintura de Uxío es como un libro de relatos que puedes abrir por cualquier página y enrolarte en su lectura. Luego debes descender al detalle y te encontrarás al demiurgo que ordena el caos de manera minuciosa intentando que se haga visible la mancha en la que lleva pensando más de cuarenta años. Esa memoria de la pintura es finalmente la clave. Uxío sabe manchar y esto es lo mejor que se puede decir de un pintor. Que tiene una mancha.
Esta pintura de Uxío es como un libro de relatos que puedes abrir por cualquier página. En el detalle encontrarás al demiurgo que ordena el caos