Orit Kruglanski, educadora visual: «Salir a dar un paseo, quitarte las gafas un poco y mirar en todas direcciones y a lo lejos mejora tu salud visual»

AROUSA

Orit Kruglanski, escritora, terapeuta y educadora visual
Orit Kruglanski, escritora, terapeuta y educadora visual

Escritora y terapeuta, visita Galicia esta semana para realizar una presentación en Santiago y un taller en Catoira

14 sep 2026 . Actualizado a las 21:43 h.

Una extensa noche de lectura en el ordenador cambió la vida de Orit Kruglanski. «Cuando me desperté por la mañana apenas podía abrir los ojos de la conjuntivitis que me había provocado. Entonces pensé que, si me acababa de machacar los ojos tras una noche de lectura obsesiva, probablemente hubiese también una forma de hacer el camino inverso. La mayoría de los procesos que se dan en el cuerpo tienen ese camino de ida y vuelta, como una mala postura que puede ser corregida». En su investigación sobre el tema, la futura terapeuta se encontró con el método que el oftalmólogo Willian H. Bates desarrolló a comienzos del siglo XX, cuya principal premisa apunta a la adquisición de buenos hábitos visuales. Formada a fondo en esta estrategia holística y natural, Orit es escritora y trabaja desde Barcelona como educadora visual. Esta semana estará en Santiago (viernes, 18 de septiembre, librería Follas Novas, 19 horas) y en Catoira, donde impartirá un taller el sábado y el domingo, sobre el que es posible obtener información en la dirección de correo batesantiago@gmail.com.

—La idea parece asentarse sobre la capacidad de recuperación del propio cuerpo.

—Es algo normal. En mi caso, después de una semana con los ojos cerrados aquella conjuntivitis se curó. Entonces fui a buscar si existían formas naturales de mejorar la vista y me topé con el método Bates, aquí, en Barcelona. Me enamoré de él y decidí que tenía que compartirlo. Desde los siete o los ocho años llevaba gafas, tenía unas 8,5 dioptrías de miopía, y empecé a comprobar que había muchas cosas que podía hacer sin ellas, simplemente  poniéndolas menos y dándole un descanso a los ojos.

—¿Quiere decir que las gafas no son necesarias?

—Todo lo contrario. Son buenísimas. Sin ellas yo no habría llegado hasta aquí. Son una solución que te permite ver cuando tus ojos no están en condiciones de hacerlo. Lo que quiero decir es que también es necesario darles a los ojos un descanso. Mis alumnos usan gafas cuando las necesitan. Pero también un abrigo es algo maravilloso cuando tienes frío y, sin embargo, no lo llevas en casa. En realidad es una cuestión de sentido común.

—Pónganos algún ejemplo.

—Existe algo parecido a un mito que establece que en cada momento tienes que ver con la máxima nitidez, pero no es cierto. No pasa nada si desayunas tranquilamente en tu casa sin ponerte las gafas. Si ves borroso en ciertos momentos no pasa nada y puedes descansar. De eso es de lo que se trata, de ayudarte a cuidar mejor tu vista y a recuperar algunas cosas. Cuando estás relajado le estás dando una oportunidad de descanso a tuso ojos.

—¿Qué hábitos podemos adquirir para apreciar esa mejora?

—Cosas lógicas. Cerrar los ojos de vez en cuando, cambiar la dirección de la mirada en lugar de mirar siempre fijamente lo que tienes delante durante mucho tiempo, reparar en algún detalle. Con los años me di cuenta de que, si quieres reflexionar sobre los buenos hábitos para la vista, solo necesitas salir a dar una vuelta. Cuando sales a dar un paseo miras en todas las direcciones, siempre hay un detalle nuevo que te llama la atención, miras a distintas distancias y todos los sentidos están involucrados. Esto explica que durante la pandemia la vista de la gente empeorase tanto. Estamos hechos para estar fuera, no entre cuatro paredes, y para mirar a larga distancia.

—Al revés, ¿cuál es el peor enemigo para la vista? ¿El peor hábito?

—Sin duda es el estrés. Cualquier fenómeno que tenga efecto sobre el cuerpo también afecta a los ojos. Lo que la gente nota es que en los días malos ve peor. Cuando tienes mil cosas por hacer y estás muy estresado, la vida se apunta también a eso, a esa presión que lo afecta todo. El mejor remedio es la relajación.

—¿Y en cuanto al empleo de la vista en sí?

—El segundo peor hábito es mirar fijamente, sin parpadear y probablemente sin respirar mucho, a un objeto a corta distancia. Esto es de lo peor que hay, además de crear problemas en el cuello. Mirar el móvil en una mala postura durante mucho tiempo es uno de los ejemplos.

—¿Y el uso de las pantallas?

—Creo que el problema no reside tanto en las pantallas en sí como en la forma en la que las utilizamos. Es cierto que ejercen sobre nosotros una especie de fascinación, de encantamiento. Cuanto más pequeña sea la pantalla, de alguna manera es peor. El móvil peor que el ordenador, y una pantalla grande o un proyector, mejor que el ordenador. Otro hábito muy malo es no salir de casa. Las paredes limitan tu campo visual. Necesitamos esas distancias, necesitamos el cielo, no podemos estar 24 horas sin salir y, además, con luz artificial.

—¿Qué hacer, entonces?

—Bueno, el dejar de hacer cosas mal ya significa que estás haciendo algo bien. Depende de lo que quieras. Conservar tu vista y mejorarla, o simplemente tener una alivio frente a la sequedad o el picor. Yo recomiendo salir fuera, mirar en todas las direcciones, respirar y parpadear, sobre todo a lo lejos, quitarte las gafas de vez en cuando, dar un descanso a los ojos. También depende de la genética, no todos somos iguales. Pero con estos pasos sencillos seguro que vas a mejorar.

—Supongo que la miopía es la enfermedad visual más extendida.

—En el 2030, la mitad de la población mundial tendrá miopía. No es una opinión, es algo que concluye un estudio de la Organización Mundial de la Salud. Pero hay una buena noticia, porque en unas décadas, obviamente, no hemos cambiado genéticamente de forma apreciable, así que la explicación a ese incremento tan notable tiene que estar en los hábitos. Y los hábitos se pueden cambiar, así que poseemos un cierto control.