«Se o que máis valoras da túa vila é o centro comercial, vaiche dar igual vivir nun sitio que noutro»

Rosa Estévez
rosa estévez PONTECESURES / LA VOZ

PONTECESURES

MARTINA MISER

La rapazada de Pontecesures escarba en la historia de su pueblo y elabora un juego para descubrir sus señas de identidad

09 jul 2025 . Actualizado a las 08:27 h.

Desde hace años, las señas de identidad de pueblos y ciudades parecen estar diluyéndose. Los elementos que aportaban carácter a cada localidad, cuando no son demolidos acaban volviéndose invisibles, pasando desapercibidos ante los ojos de una ciudadanía que se ha acostumbrado a identificar únicamente aquellas cosas que les pueden resultar útiles. De todo ello es testigo Sandra González, una arquitecta que en 2016 puso en marcha el proyecto A vila do mañá, una iniciativa que nació de un enfado y de una esperanza. Enfado porque «despois da crise do ladrillo, seguiuse a facer o mesmo urbanismo que se facía antes; as cidades seguen sendo as mesmas, pensadas para un adulto, home, que vai da casa ao traballo nun coche e sen cargas». La esperanza la pone Sandra, que decidió dar la batalla para conseguir cambiar las cosas y caminar hacia unos entornos urbanos hechos para todo el mundo. Y si hablamos de futuro hablamos, claro, de rapazada. Este martes, en Pontecesures, un grupo de niños y niñas de un amplio abanico de edades trabajaron juntos para dibujar, en el patio del colegio, un tablero de juegos como el de la oca, pero en el que los gansos han sido sustituidos por lampreas y los dados, por botes de grafiti.

El pintado de este tablero ha sido un trabajo minucioso y complicado. Debería haberse realizado en septiembre del año pasado, pero el mal tiempo frustró los planes. Ayer, un pertinaz viento quiso complicar la tarea, pero esta vez el equipo encabezado por Sandra González, Esmeralda Vázquez e Iván Díaz pudo cumplir con su objetivo. A última hora de la mañana, sobre el suelo hormigonado, quedaban dibujadas más de cuarenta imágenes vinculadas con Pontecesures: encontramos a Borobó y a Carlos Maside; encontramos el río, la plaza de abastos, el coche de piedra, la Cerámica Celta, la estación, el almacén de la renta de tabacos...

Las imágenes fueron elegidas por la rapazada tras largos paseos por la localidad. «Empezamos preguntándolles cales eran os sitios que eran máis importantes para eles. Elixiron a tenda de gominolas e o banco de Jaime, que é un banco no que pasan moito tempo», comenta González. No es nada raro. «En Arzúa, coa mesma pregunta, a elección estaba entre dous supermercados. En Coia, onde fixemos un taboleiro de xogo co que gañamos a Bienal Iberoamericana de Arquitectura e Urbanismo, para as nenas e nenos o sitio máis importante da súa vila era o Alcampo». «Claro, se o máis importante da túa vila é un centro comercial, o día de mañá darache igual vivir nun sitio que noutro», dice González. Urge, explica, «xerar vínculos», y en Pontecesures los crearon con un marco dorado. Con él salieron a la calle para ir enmarcando muchos elementos del pueblo que en el día a día pasan desapercibidos. Ha sido una forma de enseñar a mirar a lo que tenemos más cerca: ese es el primer paso para poder quererlo, respetarlo y protegerlo.

Ahora, plasmados más de cuarenta de esos elementos sobre el suelo del patio del colegio, el proyecto A vila do mañá pretende ofrecer a todo el alumnado del centro un juego en el que las partidas se desarrollarán más allá del centro escolar, cuando salgan a las calles de la localidad y vayan redescubriendo en ellas las piezas del tablero.

Es esta una estrategia fundamental para poder dar una respuesta esperanzadora a las preguntas que formula el arquitecto Jaime Lerner y que inspiran el proyecto A vila do mañá: «Como podes respectar a tu cidade se non a comprendes? Como podes mellorar a túa cidade se nin sequera a coñeces ben? Que fas por ela, se nin sequera es capaz de debuxala? Ese é o quid da cuestión».