Carmen Rey: la transición fluida del óleo al dibujo digital
VILAGARCÍA DE AROUSA
La joven ilustradora arousana es capaz de capturar sutilmente la personalidad de un lugar en imágenes evocadoras
24 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Pese a la constatación de que la vida, por más vueltas que se le dé, está tejida de pequeñas cosas, no deja de resultar sorprendente cómo las causas y los efectos se entrelazan para producir, en ocasiones, giros insospechados. De no mediar un traslado a Madrid por motivos de estudio siendo todavía muy joven, es probable que Carmen Rey López (Vilagarcía de Arousa, 1995) hiciese igualmente de la pintura su manera de estar en el mundo. Lo que ya no sería tan plausible es que su estudio y su forma de trabajo se hubiesen trasladado al mundo digital, donde la ilustradora arousana elabora ahora la mayor parte de su obra. Al menos, la que puede ser contemplada y disfrutada a través de sus redes sociales. Con muy ligeras variaciones, su nickname Heysoyrey abre las puertas de Instagram, Thread o X a los rincones de un universo artístico tan personal como delicado y sugerente.
«Dibujo desde muy pequeña, y cuando cumplí 18 años me instalé en Madrid donde estudié Diseño y a continuación Literatura», explica Carmen, quien pronto conoció a una compañera con la que fundó la asociación Dando voz al silencio. «Lo que hacíamos era organizar exposiciones de mujeres artistas para darles visibilidad. Pero en la segunda edición ya decidimos participar nosotras, porque también ilustrábamos y el retorno que nos llegaba de la gente era muy bueno». Así fue construyéndose un primer peldaño, con el comienzo de una serie de trabajos bajo comisiones. Por encargo, por decirlo de otra forma. Alguien quiere una ilustración de un motivo determinado, y el artista lo resuelve. «Allí, en Madrid, tenía unos problemas de espacio muy importantes. Hice seis años de pintura al óleo y eso era lo que realidad me gustaba, pero cómo podía llevarme un caballete a la habitación de alquiler en la que entonces vivía. Por eso empecé a trabajar en digital».
Tal vez el ojo adiestrado identifique el origen virtual de las herramientas con las que Carmen hace su arte. Para el profano, en cambio, resulta complicado distinguir sus evocadoras ilustraciones de la reproducción de un lienzo. Hay una razón para ello. «Procuro emplear las mismas técnicas que utilizaba al óleo. Con más mancha y menos líneas, con las menores capas que sea posible». Este esfuerzo aporta al resultado una valiosa apariencia tradicional.
La llegada de la pandemia marcó muchas cosas. Para empezar, con la gente en sus casas, una mayor atención hacia su trabajo, que comenzó a cobrar una proyección importante en las redes. Y tal vez ya entonces, el comienzo del fin de su estancia madrileña, que concluyó el año pasado con su retorno a casa. «Me vine en realidad de vacaciones para una semana, Esa semana se convirtió en un mes y acabé dándome cuenta de que quería volver a Vilagarcía». Un reencuentro que cobró la forma de una verdadera reconciliación. «Entonces no lo advertía, pero en realidad el mudarme a Madrid me generó ansiedad. Aunque viví allí diez años, nunca me acostumbré a todo lo que implica una ciudad que te exige tanto y en la que tu gente no está».
De nuevo aquí, a orillas del mar de Arousa, esas pequeñas cosas que tejen el tapiz de cualquier lugar y de toda biografía despiertan destellos. Escenas en apariencia sencillas ganan profundidad. Las vacas que pacen tranquilamente en A Golpelleira y observan, como desde otra dimensión, a los pasajeros que suben y bajan de los trenes. Un grupo de petrucios reunidos al sol en el consejillo de O Carril. Un velero perezosamente acostado en la arena. De esta fuente emerge el proyecto Postales para Vilagarcía, en el que Carmen está imbuida. Sus primeros frutos han sido expuestos ya, hace unas semanas, en el espacio Andén Primeiro de Ourense. «No me esperaba que a la gente les gustase tanto. Hubo quien incluso reconoció los lugares que había ilustrado. Otro artista me sugirió incorporar un código QR que condujese a las localizaciones reales». Las postales de Carmen, resultado de un dibujo minucioso y exigente en las estrechas dimensiones de una tableta, siguen creciendo —al igual que la música que compone y produce bajo el mismo alcume, Heysoyrey— en reproducciones de distintos tamaños, hasta alcanzar los de un lienzo. De forma muy sutil, la personalidad de Vilagarcía está contenida en ellas. Algo que no está al alcance de cualquier creador.