Vilagarcía y el renovado poder del Auga

La Voz VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Según los cálculos oficiales, unas 35.000 personas acudieron a mojarse en la ciudad mientras que el número de intervenciones fue mínimo

17 ago 2026 . Actualizado a las 19:17 h.

Daba igual la hora; daba igual el camino que este domingo por la mañana se escogiese para llegar a Vilagarcía. El corazón de la capital arousana emitía el rugido sordo de una ciudad rendida a la fiesta. A primera hora —y también después— los ecos de las celebraciones que habían sobrevivido a la noche hacían zumbar zonas como el entorno de la plaza, o de O Castro. Mientras el primer grupo del operativo de limpieza se empeñaba en poner un poco de orden en una ciudad que amaneció repleta de restos de botellón, los más fiesteros reponían fuerzas para afrontar la mañana del Auga, los más precavidos corrían a casa con las empanadas encargadas en el horno y el Concello de Vilagarcía hacía el balance de una noche multitudinaria pero relativamente tranquila. Según sus datos, se registraron catorce traslados sanitarios —la mayoría por excesos etílicos—, hubo un único detenido —un individuo que le rompió un vaso a otro en la cara— y algún que otro conductor que dio positivo en alcohol. Cortes, caídas y pequeños sustos también hubo, sobre todo en los puntos en los que se concentró el botellón.

A las once menos cuarto de la mañana, la cosa se puso seria. Un golpe seco y la música de la banda anunciaron que San Roque ya había dejado la parroquial. De alguna manera, el mensaje circuló por toda la ciudad y una marea humana se fue congregando en las calles que llevan a la capilla, en las que no suelen faltar los flotadores, los trajes de buzo y las camisetas de las peñas. Este año, sin embargo, parecía haber menos disfraces, y las camisetas con lemas más o menos logrados fueron sustituidas por camisas compradas en las grandes cadenas, con estampados horteras —los patos de goma, los flamencos y palmeras de todo tipo fueron, sin duda, los grandes protagonistas—.

A medida que avanzaba el día, el calor se intensificaba. Así que el agua, el elemento central de la fiesta, mantuvo su protagonismo hasta bien entrada la tarde. Tras los baños multitudinaros en las calles de la llamada zona húmeda, la gente se desperdigó por distintas áreas —el entorno de la plaza de Galicia y A Baldosa son el centro simbólico de la fiesta—. Algunos bares habían previsto sistemas para mojar a aquella clientela que se hubiese quedado con ganas. Con el termómetro desbocado, a nadie le importaba ser atacado por un comando con pistolas enormes: el agua refrescaba y se evaporaba en cuestión de minutos.

Según las cuentas realizadas por el Concello de Vilagarcía y los responsables del operativo de seguridad, unas 35.000 personas se sumaron a unas celebraciones que dejaron pocas incidencias: una por cada 2.058 personas asistentes. Entre las nueve de la mañana y las cuatro de la tarde, el puesto de socorro realizó 17 intervenciones, de las cuales ocho requirieron traslados a centros sanitarios. Las intoxicaciones leves por consumo de alcohol y otras sustancias lideran la lista de actuaciones, mientras que fueron pocos los cortes, contusiones y caídas que se atendieron.

Desde el Concello se felicitan por el buen ambiente que se registró durante toda la jornada y por el hecho de que siga al alza «a tendencia de recuperar o carácter familiar e lúdico co que naceu esta celebración popular e espontándea hai case cincuenta anos».