Así puentearon a los Charlines

El alijo del Titán III, del que el clan arousano acabó siendo excluido, se fraguó entre reuniones en furgonetas, compras en Puerto Banús y charlas en tanatorios


VILAGARCÍA / LA VOZ

Ni la más sólida de las reputaciones puede soportar el paso del tiempo si las cosas se tuercen. Sucede en cualquier ámbito, y el mundillo del narcotráfico no constituye ninguna excepción. El 7 de agosto del 2018, a las dos de la mañana, el remolcador Titán III, de bandera panameña, era abordado a unas ochenta millas de las costas gallegas. A bordo, 1.737 kilogramos de cocaína por los que la Fiscalía acaba de solicitar 224 años de cárcel y 2.400 millones de euros en concepto de multas para los 21 acusados de haber organizado aquel alijo. A las primeras de cambio, grandes nombres del negocio salieron a la luz de nuevo. Los más llamativos, los de Manuel Charlín Gama y su hijo Melchor Charlín Pomares, quienes fueron detenidos para ser puestos en libertad a los pocos días, después de prestar declaración en el juzgado número 4 de Vigo. El versátil grupo que estaba detrás del asunto -en realidad, varios equipos trabajando juntos sin ningún vínculo más allá del sustancioso beneficio del polvo blanco- había contactado con ellos, pero acabó puenteando al clan arousano tras un año de negociaciones, tiras y aflojas. Ahora, el auto de acusación permite reconstruir cómo se llegó a ese punto.

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