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MAXI OLARIAGA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

02 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

VISTA DESDE los cielos, suspendido en el aire, Barbantia mi tierra bellísima. Es una boca perfecta bañada por una lengua líquida y verde que abre su sonrisa a la alegría desde A Curota hasta Fonte Louro. Esta boca sabia tiene su úvula en Corrubedo y una dentadura montañosa y arbolada la rodea montada sobre blanquísimas encías de arena. A lomos de un águila mecánica y ruidosa veo a través del tornasol de los vientos el vaivén emocionante de la vida humana recorriendo, habitando de sur a Norte y de Este a Oeste sus caminos, sus aguas, sus poblados minúsculos y sus asentamientos mayores. Las torres de sus iglesias, sus ermitas, que más que honrar a Dios parecen desde las alturas venablos amenazadores prestos a ser disparados contra los ángeles si algún día Jehová los envía a pedir cuentas. Vista desde las nubes mi tierra Barbantia parece un apolo tendido al sol que él mismo genera. Cuando echo pie a tierra me descalzo para pisar desnudo la hierba verde que despeinan las aspas de mi pájaro y cuando éste se va y me quedo solo en medio del herbal se me hiela el corazón. Un bofetón de Zeus me pone en mi sitio a la altura penosa de las cosas y entonces vislumbro que soy un don nadie y que desde abajo no puedo ver la portentosa sonrisa de Barbantia, mi tierra. La que se abre a la alegría desde A Curota hasta Monte Louro.