TRIBUNA ABIERTA | O |
26 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.UNO de los gritos más estridentes del Mayo francés del 68 fue «¡Prohibido prohibir!». Hace más años todavía, en unas crónicas que envié a Borobó desde Italia y que se publicaron en el diario La Noche , de Santiago, mostraba yo mi decepción ante la ceñida democracia italiana y aseguraba, con juvenil osadía, que «la democracia de un país es inversamente proporcional al número de sus prohibiciones». Pues, aquí, también en Galicia, parece que quieren hacer buena mi juvenil osadía. Llevamos dos años bajo el imperio de la prohibición y el miedo. Nos abrasan en materia de tráfico (casi nos insultan), la ministra de Sanidad pretende llevarnos a la pasarela de la Cibeles, fumar un pito es grave crimen según donde, vuelve el control de cambios (¡cuidado con Solbes, que lo hace todo a la chita callando!)... Y, tras la suspensión cautelar de licencias en Boiro, viene Quintana (que es el gobierna) y nos veta el litoral, nos cambia la primera línea de playa. Quinientos metros libres para llegar al agua. ¿Para qué? No lo sabemos. La ley será cautelar. Si se les ocurre algo, ya nos lo dirán . Dentro de un año. O dos¿ Soy vecino de Boiro desde antes de mi jubilación, mucho antes de aceptar el número uno de la lista del Partido Popular a la alcaldía. Vivo aquí, mal que les pese a algunos, y voy a regalar a la Fundación Cela, por si han perdido el ejemplar que dediqué en vida a mi amigo Camilo, de mi libro Para leer a Camilo José Cela , uno de los tres o cuatro publicados por autores españoles sobre la literatura del padronés. Afortunadamente para mí, si se cumple lo de los quinientos metros, a lo mejor el piso que me compré hace dos años y que espero que me den en unos meses, hasta queda en primera fila de playa. Al margen de las falsas elucubraciones de Velo, el proyecto de ley afecta de pleno a Boiro, porque no supieron (o no quisieron) adaptar el Plan Xeral a la ley 9/2002. Él, tampoco. Así que nadie me va a privar de tener la playa y el mar delante de mis ojos. Lo dicho, primera línea. Eso sí, un poco retranqueada.