Las elecciones de 1979 dejaron 6 actas de concejal para la derecha; otros tantas para los centristas, 7 para la izquierda y 2 para los nacionalistas... Al final, el alcalde fue de UCD
05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Día 19 de abril de 1979. Once de la mañana. Salón de plenos de Ribeira. A esa hora, tras los emblemáticos comicios del 3 de abril, se comienza a escribir la historia de la democracia en la capital barbanzana. Para constituir la primera corporación elegida por el pueblo, se forma la mesa con los con los concejales electos de mayor y menor edad, que en aquel caso eran Ventura Rial Vizcaya -nacido en 1923- y Mariano Vidal Rial -que nació en 1950-. Y se procede a elegir al alcalde; al primer mandatario tras la dictadura.
Las elecciones no habían dejado un panorama fácil en la capital barbanzana. La derecha, entonces bajo las siglas de Coalición Democrática y capitaneada por Ricardo Pérez Queiruga, había sido la lista más votada, con 2.310 papeletas y alcanzando seis ediles. Solo unos escrutinios por detrás quedó la candidatura del centro, de la UCD, que consiguió 2.087 escaños y también media docena de asientos en la corporación. El partido de Adolfo Suárez estaba encabezado entonces en Ribeira por Lisardo Valeiras. Con cuatro escaños se había quedado el PSOE de Francisco Crusat; con tres la Agrupación de Electores Progresista de Ribeira (Proa) -procedentes del Partido Comunista- , que lideraba Santiago Méndez y con dos se situó la lista del Bloque Nacional-Popular Galego, del desaparecido Mariano Vidal.
A última hora
Con estos resultados, podían pasar muchas cosas en el pleno para elegir al alcalde. Sin embargo, la izquierda lo tuvo claro. Decidió votar a Lisardo Valeiras, de la UCD y profesor de profesión, para evitar que la derecha siguiese en el poder. Dicen algunos de los testigos de la sesión constitutiva de la corporación que «foi toda unha sorpresa, algo se rumoreaba de que podía saír Valeiras, pero non era seguro que ao final fose así».
Sin embargo, dos de los hombres claves para que el primer mandatario de la historia democrática de Ribeira, ya fallecido, fuese centrista cuentan que no tuvieron demasiadas dudas. El entonces líder socialista Francisco Crusat, indica: «Había que apostar por el cambio, por la ilusión. De ahí que nos arrimásemos al centro para evitar la derecha. Luego, no se cumplieron nuestras expectativas, pero al menos lo intentamos. Había mucha ilusión».
Y en similares términos se pronuncia el cabeza de la entones Agrupación Progresista de Ribeira, Santiago Méndez: «La gente quería un cambio, no podíamos dejar que continuase la derecha, había que apostar por la ilusión, y eso hicimos».
También Manuel Reiriz, que acompañaba en la lista a quien obtuvo la primera alcaldía, recuerda con gratitud lo que hizo la izquierda: «Apoiáronnos para que gobernase Lisardo Valeiras, creo que naquel momento había tanta ilusión que ninguén quería que seguisen adiante os que xa estiveran con Franco. Pagamos a novatada de ser os primeiros, non sabiamos facer moitas cousas, pero estabamos cheos de ganas e ilusión. Foi bonito».
Así, al sumar fuerzas estos tres grupos, de poco sirvió que la derecha hiciese piña con Pérez Queiruga y que los nacionalistas apostasen por su líder, el malogrado Mariano Vidal. Lisardo Valeiras se convirtió ese día en alcalde, con 13 votos y pronunciando un discurso en el que decía que pondría «todo su esfuerzo y celo para, con la colaboración de todos, realizar una fructífera labor en beneficio del municipio».
Arrancaba así un mandato que duraría hasta 1983 y en el que se debatieron asuntos que, desafortunadamente, todavía hoy, cuando se cumplen treinta años de la constitución de la primera corporación, siguen estando de actualidad. Por ejemplo, se habló en los plenos largo y tendido de la crisis del sector pesquero. En aquel momento, entre otras cosas, a los ediles les preocupaba la situación de unos marineros que habían sido capturados por el Frente Polisario. También estaban pendientes que se construyese el mercado de Santa Uxía; que se levantase el conservatorio de música o que se ampliase el cementerio de Palmeira.
Santiago Méndez, del llamado Proa, recuerda especialmente el trabajo hecho en aquellos años para que las canteras no se llevasen la arena de las dunas de Corrubedo. «Había que parar aquel saqueo, trabajamos muchísimo en eso», enfatiza.
Una piña
Sin embargo, al preguntar a los protagonistas de aquella corporación histórica, no destacan ni las obras ni los proyectos, sino el espíritu que reinaba en los plenos y en la vida política. ¿Por qué? Aunque los de Valeiras estaban solos en el poder, en la comisión permanente, que era la que tomaba la mayoría de las decisiones, estaban representados todos los grupos. Y, además, como tenientes de alcalde también figuraban personas de todos los colores. «Éramos unha piña, había moita amizade, e despois dos plenos sempre acabábamos no bar falando de todo un pouco», recuerda Manuel Reiriz. «No había esos enfrentamientos entre partidos que hay ahora, se trabajaba sin sectarismos», añade Santiago Méndez. «Unión e ilusión, eso era lo que más destacaba, desde luego», apostilla Crusat.
Así, con más ilusión que dinero en las arcas públicas, se afrontó el primer mandato. Treinta años después de esa fecha, tres de los cinco líderes de aquel momento todavía pueden ofrecer testimonio de aquellos días que hicieron historia en el municipio. A los otros dos, Lisardo Valeiras y Mariano Vidal, Ribeira les dijo adiós en el último lustro.