Cuando el monte lanzó un SOS

BARBANZA

Casi tres años después de que el fuego arrasara unas quince mil hectáreas de bosque en Barbanza, la superficie calcinada empieza por fin a recobrar el color verde

03 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los barbanzanos vieron impotentes, en agosto del 2006, cómo el azul de cielo se teñía cada tarde de un espantoso gris y desde lo más alto caían, a modo de lluvia, infinidad de charamuscas . La pesadilla duró prácticamente todo el mes, avivada por las inusuales altas temperaturas que se registraron aquel verano en la zona. Aquella oleada de incendios fue una de las mayores catástrofes medioambientales a las que se ha enfrentado la comarca hasta la actualidad, comparada por algunos, a tenor de sus consecuencias, con el desastre del Prestige . Se calcula que unas quince mil hectáreas de terreno quedaron convertidas en cenizas. Pero, por suerte, la madre naturaleza es sabia y gracias a la capacidad regeneradora de la tierra y a la colaboración humana, los bosques han empezado a recobrar su verdor característico.

Aunque desde las comunidades de montes que resultaron más afectadas por la oleada de incendios se repite una misma afirmación, «todavía queda bastante por hacer», la mayor parte de las entidades se han movido mucho durante los casi tres años que han transcurrido desde aquellas angustiosas e interminables jornadas. Con la ayuda de subvenciones de la Xunta de Galicia y de fondos propios, estas asociaciones han puesto en marcha planes de reforestación que en estos momentos empiezan a dar sus frutos, puesto que los árboles han alcanzado una altura considerable.

Poco trabajo en Muros

Monte Louro, en el municipio de Muros, fue uno de los parajes barbanzanos con los que el fuego más se cebó. «Quedou totalmente reducido a cinzas», recuerda el agente forestal Fernando Sande. Pese a que el fuego calcinó todo lo que encontró a su paso en este punto, a día de hoy apenas se ha llevado a cabo actuación alguna para tratar de ponerle remedio al desastre. El gran problema es el enorme desnivel existente en este promontorio: «Fixéronse traballos para retirar toda a madeira queimada, pero no que a repoboacións se refire, só se actuou nunha pequena superficie da parte baixa, onde se plantaron algúns carballos», apuntó Sande.

Pese a la falta de actuaciones en la zona, el monte de Louro ha empezado a recobrar el verdor de antaño. En la consecución de este milagro ha sido fundamental el poder regenerador de esta tierra, en la que han empezado a brotar un buen número de pinos.

También en Muros resultó seriamente dañado el monte de Esteiro, aunque en este caso los principales fuegos se registraron en septiembre del 2007. A diferencia de lo ocurrido en Louro, en el bosque esteirano sí se ha llevado a cabo alguna que otra actuación, aunque en la mayor parte de la superficie calcinada también ha sido la naturaleza la que ha hecho todo el trabajo. Y es que, gracias a la actuación humana, apenas una treintena de hectáreas han recobrado el verdor característico mediante su repoblación con pino y con especies frondosas.

Los especialistas en la materia consideran que en los próximos años sí toca actuar y mucho en este monte si se quiere recobrar la imagen que presentaba hace un par de años. Para ello, sería necesario ordenar la zona, haciendo una selección de los ejemplares que han brotado para dejar los mejores y realizando alguna repoblación puntual.

La situación en Carnota, otra de las zonas cero barbanzanas de la oleada de incendios del 2006, es muy similar. Lira y Mallou fueron los puntos más afectados por el fuego. En el segundo es donde actualmente se están desarrollando los principales trabajos. Varias cuadrillas realizan tareas de limpieza y desbroce, al tiempo que reforestan con pinos y especies frondosas las zonas despobladas.

Junto con Muros y Carnota, Rianxo fue de los municipios barbanzanos más afectados por el fuego. Los comuneros de Leiro vieron con impotencia y desesperación cómo aquel fatídico agosto su monte quedaba reducido a cenizas y el fuego incluso amenazaba con llevarse por delante algunas de sus viviendas: «Queimouse o cento por cento da superficie da entidade», recuerda todavía con cierta pena Ramón Lustres, presidente de la comunidad de montes de la parroquia.

Pese a que el estado en el que quedó el bosque de esta localidad era bastante preocupante, ya que sobre todo en la zona denominada monte Leiro quedó calcinado incluso el subsuelo, Lustres apuntó que a día de hoy «está todo practicamente rexenerado». Eso sí, también en este caso el mérito es de la madre naturaleza. El presidente de la comunidad reconoce que se hicieron desbroces, limpiezas y alguna repoblación, pero casi todos los árboles nacieron de forma espontánea.

Muy afectado quedó también el monte de Asados aunque, en este caso, el mérito del verdor que ha recobrado la superficie afectada por el fuego es de la comunidad de montes de la parroquia. Su presidente, Carlos Gey, explicó que se está llevando a cabo un importante plan de reforestación, con el que se persigue, por una parte, conseguir que el bosque vuelva a estar plagado de árboles y, por otra, tratar de evitar que, en caso de que se repita un desastre como el del 2006, el fuego se extienda con tanta rapidez como lo hizo entonces.