Luces y sombras

ALICIA FERNÁNDEZ

BARBANZA

30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Son aquellos que usted y yo, como todo el cuerpo de la infantería nacional, intuimos en algunas ocasiones y sufrimos en la mayoría. Los que transitan por ellos pueden bajar a tu terruño y revolcarse en él o directamente se lo pasan por el arco del triunfo. Nosotros y nosotras apenas intentamos atisbar el suyo nos dan las del pulpo. En el terreno psicológico, mayormente. Un mundo paralelo ese de las Administraciones públicas. Otro, de similar enjundia, es el de las grandes corporaciones: monopolios de facto aunque gasten dinero y tiempo en hacernos creer lo contrario. Y a los hechos me repito, Manquiña díxit: «Prueben a realizar alguna gestión contraria a sus intereses con Gas Natural-Unión Fenosa, Telefónica, Vodafone?»

El viernes por la mañana se produjeron desde primera hora innumerables microcortes del fluido eléctrico, para finalmente irse la luz. No hacía viento, no llovía, no granizaba y, ni mucho menos, estaba anunciado el corte.

Una que no es demasiado avezada en vatios y amperios, pero sí organizada, transcurrido un tiempo prudencial de espera, se puso en contacto con el más allá. Léase la Fenosa de toda la vida abducida en la capital del Reino. Por supuesto, número de copago al canto, esperas, identificaciones varias y, al fin, pude exponer mi queja a una señora que, si no llega a decirme su nombre, juraría que era un robot. Expongo la situación y ella, muy correcta, me dice que lo comprueba. Otra espera. Oiga, que sí. Ha tenido mala suerte, hay una avería en su zona. Bien, eso ya lo sabía -es un alivio que mi problema también lo compartan en Madrid-, pero lo que verdaderamente me importa es qué previsión hay para reponer el fluido eléctrico.

Aquí comienza el diálogo robot-frontón versus afectada. «¿Que, no damos ninguna previsión nunca?». «No». «Pero si mandamos cohetes a Marte deme al menos una pequeña pista». «Lo siento pero no». «Oiga que mi trabajo depende de su servicio». «Lo siento pero no». «Que ustedes me han convencido para que mi hogar sea eléctrico». «Lo siento pero no». «Dame algo». «Lo siento pero no». «Que yo pago religiosamente sus recibos (y si no me cortan el suministro)». «Lo siento pero no». Y así hasta que pido presentar una queja y me dicen, cágate lorito, que lo haga una vez arreglada la avería. Fin de la comunicación con el otro mundo.

También como ejemplo de un mundo paralelo, quisiera denunciar la tragicomedia en cinco mil cómodos capítulos de las viviendas sociales de Xarás, en Ribeira. Un asunto que si no tuviese la trascendencia que tiene para un puñado de familias sería para mearse de la risa -y no digo encima de quien- otras cinco mil veces. Fueron necesarios unos cuantos años para su demandada ejecución. Incluidos pequeños olvidos como no darle suministro eléctrico (total para qué si Fenosa lo corta cuando le sale del moño, pensarían). Pasados tres meses desde el sorteo de las viviendas en régimen de alquiler y propiedad han procedido a su notificación por la vía del burro. ¡Tan lenta que alguna ha tardado más de dos meses en llegar! ¿Y no se le cae a nadie la cara de vergüenza torera? ¿Nadie presentará su dimisión irrevocable por el grave perjuicio que ocasionan a estas familias? ¡Ni lo sueñen! Esto es España.