Heme aquí de nuevo, pasado el estío. Quemada. Más por el sistema y quien lo maneja que por un sol que este verano fue esquivo. Zambulléndome en el septiembre de la vuelta al cole, los coleccionables y el pasmo ante los gastos de julio y agosto. Otros años una se apretaba el cinturón, pero ya no. Ahora ya no hay más agujeros donde hincar la hebilla con firmeza, si ya no está empeñado el raído cuero. Solo se puede echar mano de plegaria o, a las bravas, convertirme en una maquis económica financiera. Pero ni los montes son lo que eran ni una resistiría las humedades del invierno. Por lo tanto, sin más dilación ni llanto, inauguramos otra temporada de este balcón con vistas al Barbanza.
Cuaderno de bitácora: en la primera semana de septiembre del año 2011, último de la era Zapatero y primero de Rajoy (con el permiso de Rubalcaba), iniciamos una nueva singladura. De sobra hemos superado aquel «al alba y con un tiempo duro con viento de levante de 35 nudos?» del chusco Federico Trillo. Nuestro periplo se inicia con tempestad, de vientos huracanados y cruzados. En lo económico, en lo social y en el alma misma.
Unos dicen que nos obligan a seguir las directrices de la señorita Rotenmeyer, alias Angela Merkel, y otros que los sacrificios impuestos son en aras de alcanzar las más altas cotas de imagen en el sarao financiero mundial. Algo así como la mano que mece la cuna, que nos arrulla pero nos roba nuestro futuro. Y en medio una nueva justa, sino ordalía, que poco o nada ha de mejorar este maltrecho terruño; porque lo que de verdad importa a los ciudadanos será minimizado u obviado por ambos candidatos ¿De qué vale ahora incluir en la Constitución, a la ligera y sin consenso, un techo de gasto si ni tan siquiera se concreta? ¿No será tan importante como eso clarificar en qué se gasta y cómo se gasta?
Mientras, por aquí abajo, a ras de ciudadano, las cosas huelen peor. Cada vez se palpa más el paro, el cierre del comercio, las dificultades de las empresas. El entramado burocrático que ahoga el país en primera persona. Una forma de hacer putrefacta y sin sentido. Una situación que en los diferentes consistorios se ha vuelto insostenible. Servicios que no se pueden dar por falta de presupuesto, plantillas sobredimensionadas y peor organizadas, obras que no se pueden acabar y otras que están finalizadas pero que no se pueden poner en funcionamiento. Eso sí, estén tranquilos que los políticos cobrarán más o aumentarán el número de dedicaciones.
No sé si por eso, o por casualidad, se ha visto incrementada en muchos lugares la presión sancionadora, sobre todo en el apartado de tráfico. Choca especialmente esta febril actividad en algunos municipio donde, hasta hace bien poco, había encubiertas huelgas de bolígrafos caídos. En todo caso recordar que las sanciones son un castigo para corregir acciones contrarias a las normas y que si se convierten en un mero instrumento recaudatorio estaremos ante una gravísima perversión del sistema.
En resumen, como pueden ver, lectores, el patio no está para demasiadas celebraciones. Aún así me alegro, y mucho, de volver a dirigirme a ustedes ¡Salud a todos!.