Media luz al final del túnel

María Hermida
maría hermida RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

monica ferreiros

Una familia de Ribeira logra una casa de la Xunta, pero su carestía sigue

14 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La vida de María Luisa y José Luis, una pareja de Ribeira que tiene dos hijas, se convirtió en un rompecabezas difícil de montar en el momento en el que el paro llamó a su puerta de forma insistente. O, mejor dicho, cuando las prestaciones de desempleo empezaron a agotarse. Tuvieron que entregar al banco el hogar que habían comprado. Pasaron a vivir de alquiler y a subsistir con los 425 euros de la ayuda familiar. Esa prestación se acabó y se quedaron con los ciento y pocos euros que cobran ahora y que conforman su total de ingresos. Después de tantos de devenires, ahora parece que han tenido un golpe de suerte: la Xunta les adjudicó, por un año y con la opción de prorrogarlo otro más, una vivienda en Xarás con renta cero al amparo de un programa de realojos para familias que están pasando serios apuros. Pero no todo es tan fácil como pudiese parecer.

Para entender su historia hay que remontarse al pasado reciente. Hace unos cinco años, ambos tenían trabajo. Él se ganaba el pan en la construcción y ella en la limpieza. Eso les facilitó acceder a una vivienda en propiedad. Pagaban un crédito de unos 500 euros, lo normal en muchas casas y algo que tampoco representaba un gran problema en la suya. Los quebraderos de cabeza llegaron con el paro. Abonar el crédito empezó a hacerse muy cuesta arriba y acabaron llamando a la puerta de Stop Desahucios. Lograron un acuerdo con el banco, que aceptó la dación en pago, es decir, condonarles sus deudas a cambio de que entregasen su hogar.

Primero, de alquiler

Así comenzaron a vivir de alquiler. Pero tampoco podían asumir la renta. Así que se pusieron en manos del Instituto Galego da Vivenda e o Solo, que ayer mismo les entregó las llaves de su nuevo hogar, en el que en principio pueden estar un año sin tener que pagar. A María Luisa y a José Luis se les iluminaba la cara ayer pensando en él. Pero cuando cruzaron la puerta vieron que les queda una difícil tarea por delante. La cocina no está amueblada, no hay luz... Es decir, se necesitan mejoras y servicios que, sí o sí, requieren tener dinero en el bolsillo. Así que les toca seguir peleando; intentando tutear a la vida que nunca imaginaron y a la que el paro les echó de cabeza.