El paso siguiente a las leyes

A. Gerpe CRÓNICA

BARBANZA

24 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Está de moda legislar, como si eso fuera sinónimo de eficacia gubernamental, pero no lo es. No basta con hacer leyes y no es necesario hacer una para cada cosa ni para cada momento, basta con redactar disposiciones que, primero, sean realistas y, segundo y más importante, traspasen la frontera del papel y se apliquen. Viene esto a cuento de que hay ya una nueva Lei do Solo, lista para entrar en acción, cuando todavía hay ayuntamientos que ni tan siquiera han llegado a adecuar sus planeamientos urbanísticos a las anteriores. Vamos, concellos como Carnota, Mazaricos o Rianxo se rigen todavía por normas subsidiarias, que es algo así como si estuviéramos hablando de la prehistoria.

Pero demos un paso más, ¿qué cambia realmente con esta nueva normativa?. ¿Unos cuantos metros cuadrados más de permisividad en el suelo rústico?, ¿un poco más de tolerancia en las construcciones vinculadas al sector primario?. Sinceramente, seguro que para introducir estas variaciones bastaba con efectuar unas modificaciones puntuales y no redactar una ley al completo. Porque, seamos realistas, las medidas de protección contra el feísmo ya existían antes y antes, como sucederá a partir de ahora, seguramente no se aplicarán. De igual forma que hay inmuebles que se caen a pedazos y si los dueños no acceden a repararlos, pueden pasar años sin que se les ponga una mano encima, pese a que existen normativas que hablan de las órdenes de ejecución y de la obligación que tienen los concellos de hacer que se cumplan las normas de ornato público, seguridad y bla, bla, bla. Una cosa es que llegue un recibo del IBI con un importe disparatado -por cierto que el embellecimiento de las fachadas también se paga, primero al profesional que hace la obra y luego al Catastro, que dice que así se revalorizan las viviendas- y otra cosa muy distinta es que el ayuntamiento de turno, con la firma del alcalde y el membrete municipal, imponga una sanción al vecino de la esquina porque tiene la casa sin recebar ni pintar o porque ha decidido recubrir la fachada con mosaicos de colores.

Además, se habla de feísmo cuando, por ejemplo, la comarca de Barbanza está plagada de esqueletos de obras que llevan años paralizadas y es dudoso que lleguen a terminarse. Está llena de espacios habilitados para bajos comerciales en edificaciones nuevas cuyas fachadas se dejaron con ladrillo sin que nadie pusiera freno a ese despropósito, como también se permitió que el suelo público se ocupara de forma indiscriminada por grúas, vallas y demás cierres. Por eso que lo que hacen falta no nuevas hornadas de leyes, sino que las normativas existentes se apliquen con decisión.