Podría ser un estupendo eslogan para la candidatura de nuestro presidente en funciones este vocablo rajoyés; un perfecto juego de palabras gallego/inglés que el incauto votante enseguida interpretaría como: Rajoy, si. Pero no es un eslogan electoral sino un idioma. Es el rajoyés que poco a poco se impone y cala en esta decrépita sociedad que, tan frágil como un castillo de naipes, está aparcada en medio de un callejón sin salida. Al principio lo hablaba solamente don Mariano, pero se vende bien y cada vez más políticos lo hablan con gran soltura y locuacidad.
Perlas como: «Un vaso es un vaso y un plato es un plato» o «somos sentimientos y tenemos seres humanos» no las lució Ana Botella con sus peras y manzanas con las que explicó lo indeseable de la homosexualidad. Hablar en rajoyés está de moda y basta con escuchar a nuestros políticos de todo color, para concluir que han estudiado a fondo el nuevo idioma. Los galimatías y rodeos gramaticales que fuerzan para explicar que no hay nada que explicar son verdaderamente dignos de encomio. No mejoran al presidente pero son alumnos aventajados de su escuela del arte de no decir nada diciendo mucho.
«A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, que también es tomar una decisión». ¡A ver quién mejora esa traca en rajoyés! Podría hacerlo la señora Cospedal, a quien Wyoming llama Doña Finiquito, pero esos ya son estudios superiores fuera del alcance de gente como nosotros. El cospedalés es un idioma para doctorarse en Alcalá de Henares y dar dos vueltas al claustro. Mientras tanto practique el rajoyés. No entenderá nada pero no se preocupe. Tampoco le entenderán a usted.