Benito Mayo sobrevivió a un naufragio ocurrido hace medio siglo en las costas inglesas
18 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.«A necesidade non che deixa pensar no medo e por iso non dubidei en embarcarme noutro navío da mesma compañía poucos días despois de envorcar o noso barco». Con esta contundencia echa la vista al pasado Benito Mayo Núñez. Él fue uno de los cuatro supervivientes -el único que continúa con vida- del naufragio del pequeño carguero Juan Ferrer, que tuvo lugar en las costas inglesas de Cornualles en octubre de 1963. El conocimiento de que los descendientes de sus rescatadores quieren identificar el lugar y poner nombre a los ocupantes de la tumba común en la que fueron enterrados cuatro de los fallecidos en esa tragedia, en la localidad inglesa de Penzance, le lleva a reconocer que le gustaría visitar el sitio del siniestro, y también ese camposanto para rendir una última despedida a sus compañeros. Uno de ellos, Manuel Corral, había nacido en la localidad vecina de Corme.
Benito Mayo pertenece a una familia de canteros de Muros conocida como Os Lucas y en esa profesión inició su actividad laboral. «O traballo gustábame, pero non se gañaba un peso, e ademais o ladrillo competía demasiado coa pedra. Non o deixei polo que me ocorreu nunha obra en Esteiro, cando tiña doce anos, e me deron xa por morto ao derrubarse unha casa que reparabamos, senón porque os mozos da comarca todos ían para a mercante, facían cartos, e eu tamén quixen probar. O accidente do Juan Ferrer non condicionou a miña vida, e seguín navegando ata a xubilación», explica.
La tragedia
Pese a convivir con el recuerdo del naufragio, y con frecuencia añorar a sus compañeros fallecidos en la tragedia, no es muy partidario de referirse al siniestro. No obstante, al saber que los ingleses quieren recordar con una placa a cuatro de los tripulantes del buque, no pone inconveniente alguno en relatar el accidente, del que dice no olvidarse ni de pequeños detalles de aquella trágica noche: «Estiven ao temón ata as dúas da mañá, remudáronme, e ao pouco de deitarme oín un forte golpe e a chamada do capitán mandándonos poñer os chalecos salvavidas. Tentamos botar os botes de auxilio á auga, pero non foi posible, había moito mar e o barco escorara de todo, entón o capitán ordenounos ‘salten a terra’, e eu fíxeno, fun o primeiro en tirarme ao mar».
Mayo Núñez nadó en dirección a la costa que se veía muy próxima, pero el salvavidas le impedía avanzar. Por fin llegó a las rocas, se agarró fuerte y salió del agua. «Oía preto de min aos compañeiros, eu animábaos a seguir, e o primeiro que se achegou foi Pepe O Asturiano, a quen agarrei e axudeino a saír da auga. Logo vimos a José da Guarda que tragara moito gasóleo e non podía subir ás pedras, pero sacámolo. Cando rematamos esa faena xa non se oía a ninguén. Chamamos e chamamos, pero ninguén respondía. Entón pensamos en subir polas rochas, pero era imposible. Ao pouco vimos luces, eran uns ingleses que nos guiaron ata unha granxa, onde nos deron roupa e café», recuerda con dureza.
El regreso a casa
Los tres náufragos nada supieron de sus compañeros hasta dos días después del accidente. Los ingleses les hablaban, pero no entendían nada. Les llevaron hasta el lugar del accidente, les sacaron fotos y les ponían micrófonos delante de la boca: «Non sabiamos que querían, pero cada un de nós contou como nos demos salvado». Entonces llegó el responsable de otro carguero de la compañía Ferrer, y ya les comunicó que además de ellos solo el capitán fuera rescatado con vida, y estaba en un hospital. También fueron recogidos siete cadáveres, pero todavía faltaban cuatro de los tripulantes del navío.
Los supervivientes regresaron a España, junto con los cadáveres que habían sido encontrados. Veintiún días después del siniestro apareció el resto de la tripulación. Los cuatro fallecidos fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de Penzance, lugar en el que ahora se quiere testimoniar con una placa la presencia de sus restos.
«O único culpable do accidente foi a carencia de radar no barco»
Benito Mayo relata sus recuerdos con entereza, aunque a veces la tragedia de lo ocurrido le puede, le hace contener la respiración y casi se derrumba: «Foi demasiado. Case son capaz de visualizar á maioría dos compañeiros. Bernardiño de Muros era o máis novo, apenas 18 anos. Era a alegría do barco». Si penoso fue el naufragio y sus consecuencias para el vecino de A Pendente, en Esteiro, no lo fue menos lo acontecido con los familiares de los muertos. Algunos visitaron al muradano para conocer los detalles: «Unha viúva traía un meniño de só dous meses, a quen seu pai non chegara a ver. Unha irmá do oficial que ía de garda quería coñecer a verdade. Cada quen preguntaba polo seu. Aínda que a nós se nos orientou sobre o que tiñamos que declarar, eu dixen e reafirmo hoxe que o único culpable do accidente foi a carencia de radar no barco. Guiabámonos polo compás; e con moito mar, noite e néboa é moi difícil orientarse ben».
Difusión de todos los recuerdos a la espera de poder regresar al lugar
Una nieta de uno de los rescatadores inició los trámites para la realización del homenaje. Abrió una cuenta para sufragar los gastos que ocasione la colocación de una lápida con los nombres de los cuatro marineros fallecidos y enterrados en el camposanto de Penzance. Cuando Benito Mayo se enteró de que alguien intentaba perpetuar el siniestro con una placa, la gratitud se mezcló con sus recuerdos y según dice, «ao saber que unha muller inglesa se acorda dos meus compañeiros, despois de tantos anos, emocioneime moito, pensei que me ía a dar algo, porque agora non estou para moitos trotes, pois teño un marcapasos e outros problemas de saúde. Aínda así quixera, antes de morrer, ter ocasión de ver esa placa, volver ao lugar no que fomos a pique, e agradecerlle a aquela xente o que fixeron por todos nós».
Página en Facebook
Aunque han transcurrido casi 53 años, el muradano ha sido incapaz de olvidar los detalles de aquella fatídica noche. Tampoco quiere. Al contrario. Hace tiempo que empezó a relatarle lo sucedido a su hijo Javier que, con el fin de perpetuar todos los recuerdos de su progenitor, los va plasmando en una página de Facebook creada específicamente para este fin bajo el título Motonave Juan Ferrer.
También es posible acceder a diverso material sobre el naufragio, con documentación gráfica y recortes de prensa de la época incluidos, a través del blog especializado hadebarcos.blogspot.com.