Vaya por delante que a una el fútbol ya la sedujo bastante más de lo que ahora le atrae, que piensa que a partir de la Regional el deporte deja lugar al espectáculo y, por tanto, a los profesionales del mismo. Pero aún así, queramos o no, concita el interés de muchas personas; tantas que sería de necios obviar esa realidad.
Dicho lo cual abordaremos la tragicomedia que vive el C. D. Boiro que, una vez llegado al punto más alto de su historia deportiva, con el ascenso a Segunda División B, y de firmar una agónica permanencia con una fiesta final sobre el verde de Barraña que no recordaban ni los más viejos del lugar, debido a las deudas con los jugadores, que denunciaron el impago, es descendido a Tercera División por la Federación Española de Fútbol. Aderezado todo ello por el desencuentro del presidente, David Places, con el alcalde de Boiro y una rocambolesca historia de un míster Marshall mexicano.
Está claro que las normas existían previamente y estaban para cumplirse. Por tanto nada que objetar. Sí es deprimente que el fútbol se convierta en un mercadeo hasta en situaciones como esta. Que otro equipo, el Cerceda, que no lo ha ganado en el campo, pueda comprar por 120.000 euros esa plaza (pese a su situación económica) ofrece la mejor perspectiva de a donde han llevado una pandilla de aprovechados e impresentables al otrora deporte rey.
Y para rematar vaya un apunte: Places, con sus aciertos y errores, tiene mucho que ver en los logros históricos del Boiro. Lapidarlo a la española por este hecho final me parece propio de ingratos (los que lo hacen) y de mediocres (los que lo propician).