Festa do Mexillón

Alicia Fernández A CRIBA

BARBANZA

19 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay un cuento que escenifica la ruindad con claridad meridiana. Es el de aquel rey que, conocedor de la animadversión entre dos súbditos, los hace llamar y le ofrece al primero lo que quiera a cambio de dar al segundo el doble de lo que él pida. Después de meditarlo un poco, solicita que le saquen un ojo. Pues quizás esa sea también una parábola adecuada para una mayoría del sector mejillonero que, con sus eternas rencillas y personalismos, desaprovecha su potencial con una ruindad pasmosa. Históricamente, el principal problema del mejillón gallego ha sido el propio sector mejillonero gallego. ¿Y si es así por qué subsiste la mayor parte del tiempo tan bien? Pues porque dispone de un producto y condiciones inigualables. Cultivar mejillón en Galicia es muy rentable, tanto que a pesar de todas las piedras que tiran a sus embarcaciones no las dan hundido.

Viene esto a cuento porque se ha conocido que la tradicional exaltación del mejillón, que se realizaba en Cabo de Cruz, no se celebrará este año debido a las diferencias entre las entidades sectoriales que componían la comisión organizadora. A pesar de contar con el respaldo del Concello de Boiro, que ya se tuvo que involucrar en pasadas ediciones ante la falta de acuerdo de aquellas. De hecho, la entidad más grande (AMC) ya abandonó el barco el año pasado.

Que el ayuntamiento que cuenta con mayor número de bateeiros y bateas no sea quién de sacar músculo y realizar una exhibición de su producto, con el nivel de calidad máximo, es penoso y explica muchas cosas. Quizás el primer fallo fue dejar de hacerla en Boiro y que la comisión organizadora fuese ajena al sector.