Caza

Estevo Silva SOSPECHOSO HABITUAL

BARBANZA

11 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Ayer me alegré del embate de la ciclogénesis Ana frente a nuestras costas y no solo por la necesidad de agua; lo hice también pensando en los cazadores que no pudieron salir a matar o en el constipado que tendrán los que fueron más atrevidos. En este momento alguno estará mentando a mis difuntos pero francamente les digo: me importa poco.

Hace dos semanas comenzó el juicio contra la asociación dedicada a la defensa del lobo ibérico, Lobo Marley, por derribar en el 2014 dos de las denominadas casetas de la muerte, diseñadas para abatir estos cánidos en serio peligro de extinción. Capitaneados por el conocido ecologista y divulgador Luis Miguel Domínguez, se enfrentan con estoicismo a una elevada e injusta multa que con gusto pagarán los socios.

Si el lobo mata ganado es porque tiene hambre. Si tiene hambre es porque ganaderos, explotadores forestales, cazadores y malas políticas de protección han ido exterminando sus recursos y zonas habitables milenarias obligándolo a acercarse al humano.

Leí ayer en estas páginas que, desde que se abrió la veda, el zorro Monchiño no va a comer ya a ese restaurante de Araño en el que aparecía todas las noches. Puede que no lo haga nunca más porque, disculpen los cazadores éticos si queda alguno, existe gente de la caza que tira a todo lo que se mueve. Los hay incluso que abandonan a sus perros en la montaña si ya no sirven a su propósito. Y después, al igual que los taurinos, tienen los arrestos de decirse ecologistas. Permitan que me descojone y les anime a mudar su anacrónica afición por otra cosa. Dicen que la jardinería relaja mucho.