Reconozco que cuando mandaba en el barco tenía mis rarezas. También ahora las tengo, pero diferentes y más edulcoradas por la edad.
En aquellos años como capitán de buques factoría pesqueros, cuando tenía que asumir la responsabilidad de elegir a mi tripulación para formar un equipo de 70 u 80 personas, pasaba horas analizando las características de cada cual, tratando de formar un verdadero bloque tanto en lo concerniente a la garantía profesional como a la confianza mutua: el capitán debe confiar en su tripulación y esta confiar en su capitán. Era la única manera de garantizarle una campaña exitosa al armador que me había elegido.
Cuando Pedro Sánchez recibe el mandato de formar gobierno, también él, en su condición de máximo responsable, es quien debe elegir a los ministros y demás altos cargos para que, entre todos, con capacidad y una relación de mutua confianza, le ayuden a llevar a cabo su gestión de gobierno con la mayor eficacia. Para dirigir un equipo y ejercer un mando eficaz, no sirven tripulaciones a prueba ni otras componendas.
¿Qué diría cualquier capitán (no solo yo, que puede que sea un poco rarito en esto), si alguien que optase a formar parte de la tripulación manifestase a priori su desconfianza en la pericia para el mando de su buque?. Obviamente, no podría formar parte de la tripulación. O, cuando menos, de verse muy necesitado de tripulantes, nunca le daría a ese alguien un puesto de alta responsabilidad.
¿Les suena?... Pues así es como yo veo la cuestión: mejor demorar la salida a la mar que exponerse a una conflictiva y probablemente mala campaña, por culpa de los recelos y desconfianzas que a priori manifiestan quienes pretenden formar parte de la tripulación.