Después de más de seis años del terrible accidente del tren Alvia en Angrois (Santiago) -tragedia que segó la vida de ochenta personas y dejo heridas a casi 150- si hubiera que resumir en una palabra todo el proceso jurídico, administrativo y político, desde entonces hasta hoy, sin duda, sería esa, infamia. Calificación de la que no se libra la conducta de un solo responsable del Adif, Renfe, Talgo, PSOE y PP. Y añadiría: miserables, ineptos, mentirosos y sinvergüenzas.
¿Cómo quieren que les califique cuando conocemos que con los cadáveres todavía calientes hubo orden de borrar el historial de averías del tren siniestrado? Incalificable fechoría que se suma a mil una ocultaciones, estratagemas y la total falta de colaboración de todos ellos; que junto con los responsables políticos (del PSOE y del PP, que ahí sí se pusieron de acuerdo) tan solo buscaron dilatar y entorpecer el proceso. Hasta el punto de que la UE ha tenido que llamarles la atención sobre ello. Porque en este país nadie asume sus responsabilidades, esas que les van incluidas en las generosas nóminas que perciben; sin contar con todo lo que se levantan a mayores.
Han ninguneado a las víctimas y a sus familiares. Se han meado en la cara de una sociedad que miraba atónita lo sucedido, ante la falta de información seria y veraz por parte de quien debía darla. O el bochornoso intento de linchar al conductor como chivo expiatorio del accidente, para ocultar sus incumplimientos. Esta es la realidad de España. Siento que me hierve la sangre de pensar en la impotencia, rabia y dolor que sienten los afectados y sus familias.