Medio centenar de vecinos de Barbanza han superado el siglo de vida

El censo de centenarios creció con siete incorporaciones en Muros, Porto do Son y Ribeira en los dos últimos meses

La edad media de los vecinos del área barbanzana se sitúa en el entorno de los 50 años, ligeramente por encima del dato a nivel autonómico, pero hay personas que pulverizan cualquier estadística, y en las últimas semanas se han dado un puñado de ejemplos que lo demuestran con la celebración de varios centenarios. Aunque es excepcional alcanzar los 100 años de edad, no son pocos los vecinos de la comarca que lo logran y, según los últimos datos oficiales, son en torno a medio centenar los barbanzanos que pueden presumir de haber alcanzado ese umbral.

Por razones obvias, el censo de centenarios es muy variable, pero en las últimas semanas se ha incrementado de manera excepcional. No en vano, en apenas dos meses, ocho vecinos de distintos municipios de la zona soplaron las velas de los 100 años, aunque uno de ellos, el noiés Aurelio Moledo, que celebró su aniversario el 29 de noviembre, falleció a comienzos de este año.

Las mujeres son mayoría entre los vecinos más longevos de la comarca, y eso se evidencia en las últimas incorporaciones al censo de centenarias.

Muros y Porto do Son

Siete mujeres alcanzaron los 100 años desde el pasado 6 de noviembre, cuando la muradana Balbina Eiras recibió la visita de la alcaldesa por su cumpleaños, y no fue la única, porque otra vecina de Muros, María Nicolasa Figueiras, festejó su cumpleaños el 12 de diciembre. La lista la completa Benedicta Piñeiro, que rebasó el siglo de vida en plenas celebraciones navideñas.

Muros es, junto con Porto do Son, el municipio en el que más ha aumentado la cifra de centenarias. El regidor sonense, Luis Oujo, bromeaba sobre la longevidad de los sonenses: «Iso é porque aquí hai calidade de vida». A él le tocó felicitar a Pura Romero, que nació en Portosín el 30 de noviembre de 1919; a Pepita García Ben, que cumplió el 27 de diciembre; y a Marina Sieira, la primera centenaria del 2020.

Por su parte, en Ribeira, cumplió los 100 años Purificación Pérez Sampedro, que recibió la felicitación del alcalde el pasado 26 de diciembre.

Pepita García: «Na miña vida vin tanta xente xunta na casa!»

A sus cien años recién cumplidos, Josefa García Ben sigue siendo Pepita, Pepita a da Pecha. «Se chaman por Josefa non miro», cuenta acomodada en su sillón con la sonrisa entrañable que solo tienen las abuelas de su generación. Se pone nerviosa ante tanta expectación a su alrededor, así que es fácil imaginarse lo abrumada que vivió la celebración de su cumpleaños. Hijos, nietos, bisnietos e incluso vecinos quisieron felicitarla, hasta el alcalde y el párroco: «Na miña vida vin tanta xente xunta na casa!».

Y eso que sus ojos han visto de todo en el siglo de vida que atesora a sus espaldas, una vida que no ha sido fácil y que no esperaba tan larga: «Tiven moitos tropezos. De pequeniña tiven tifus, morreran unha chea de rapaciñas daquela. E xa me quitaron un peito cando tiña sesenta e tantos anos, pero aquí estou». Ahora está bien de salud, aunque a veces las piernas le flaquean: «Agora non me queixo porque non teño dolor, achaques teño xa moitos, o mal son as pernas, que non podo saír da casa».

«Tiven moitos tropezos. De pequeniña tiven tifus, morreran unha chea de rapaciñas daquela»

Memoria privilegiada

La que no muestra signos de debilidad es su mente. Hace gala de su memoria recitando de carrerilla algunas de las oraciones que aprendió de niña o rememorando una infancia que, como la mayoría de su generación, abandonó muy pronto: «Con 12 anos empecei a traballar coidando dunha meniña, era filla dun garda e tiña 5 aniños». Cuando al padre de la pequeña lo cambiaron de destino se marcharon, y Pepita trabajó entonces como criada: «Estiven na casa de dona Celia de muchacha. Empecei un pouco de chiste porque lle faltou a rapaza que tiña a servir, pero cando lle veu de volta non a quixo e quedei eu, xa non me deixou marchar. Eu non quería ir para a da señora Celia porque lle berraba ás muchachas que tiña, e ao final botei cinco anos alí».

«Uns querían e outros non, e veu a guerra, tivemos guerra de puñeta»

Recuerda también momentos duros: «Acórdome cando foi da guerra, que non veña outra. Mandaron vir a Franco de alá de Marrocos para dar o golpe de estado, pero a xente non o quería. Uns querían e outros non, e veu a guerra, tivemos guerra de puñeta».

Era la séptima de 12 hermanos, y se nota que le pesan las ausencias de sus seres queridos, particularmente la de Joaquín, su marido. Se sonroja cuando le preguntan cómo se conocieron, y, 22 años después de su muerte, reconoce cuánto le dolió: «Cando me morreu quedei moi triste». Aún así, no quiso irse a vivir con ninguno de sus tres hijos, y sigue en la misma vivienda que con mucho esfuerzo compraron y rehabilitaron ella y Joaquín hace unos 70 años: «Non quixen saír da miña casa, porque me parecía que se marchaba xa non era de aquí, e quero estar aquí».

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