Dos preguntas: ¿Qué no lo toque? ¿Qué diría Mozart si no le dejasen tocar el piano?
Este anuncio de la televisión me sugiere algo que está pasando con mucha frecuencia estos días de pandemia. Mis nietos, y creo yo que la mayoría de los niños y niñas, son compulsivos usuarios de tabletas y similares, como si las maquinitas formasen parte de sus dedos y de sus mentes. A nosotros, viejos adultos, que lo más parecido que hemos conocido como CHIP, eran las patatas fritas, nos asombra la familiaridad con la que nuestros pequeños utilizan el ya no tan nuevo lenguaje WWW (world wide web o red informática mundial), sin que palabra alguna precise explicación para ellos.
«Está en la web abuelo». «No lo pierdes porque eso está en la nube». «Mira si el correo te entró como spam». Y se nos quedan mirando extrañados de nuestra vieja ignorancia y orgullosos de su nueva sapiencia. Para ellos, el pin no es un alfiler, como nos enseñaron en nuestras macarrónicas clases de inglés. «Tienes que poner el pin» (personal identification number) y no te olvides de grabar los datos en la tarjeta sim» (siglas procedentes de military intelligence service).
Todo en inglés. Y así se entiende lo bien que les fue a los irlandeses en los inicios de Internet. No por listos, pues son tan comedores de patatas como nosotros. Pero es así; todo en inglés y funciona tanto entre las shakesperianas, como en las cervantinas o rosalianas gentes. El nuevo idioma ha logrado invadir los vírgenes cerebros de los pequeños y trata de entrar con calzador en las endurecidos miolos de los abuelos.
¿Qué sería de los Mozart de ahora si no les dejásemos sus Facebook o sus wasap? ¿Les decimos que no los toquen? No podemos. Si lo hiciéramos, no podrían estudiar on line o con video call en estos tiempos de pandemia. Lo cierto es que niños y mayores hemos tenido que asimilar el nuevo idioma para poder subsistir en un mundo de nuevas e imprescindibles tecnologías. Y, aunque sea por propio egoísmo, no podemos impedírselo a nuestros miúdos. Tal vez regulárselo. Porque, si les prohibimos jugar con la tablet, ¿quién nos va a enseñar, viejos sabios (pero viejos), como funciona nuestro smartphone?
«Abuelo -pregunta mi nieta-, ¿para qué son esas papeletas?» Para votar el día 12 filla y que nos gobiernen los mejores. Y ¿por qué no lo haces con un tweet? Ahora todos lo hacen así.
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